América Latina

Espacios autónomos en la Ciudad de México

13 mayo, 2020

Espacios autónomos en la Ciudad de México

Debajo de la nube de contaminación, en medio del comercio ambulante, dentro de mercados, en las calles de colonias populares y al margen del estado, los barrios están en movimiento. Los habitantes de éstos dan vida, fuerza y energía a más de 380 espacios político-culturales y educativos autodenominados comunitarios, okupados, independientes, autogestivos o autónomos (COIAA) en la Ciudad de México.


El número no es menor, si consideramos que los denominados centros culturales oficiales de la ciudad suman 246 en total; sin embargo, el 50% de ellos (123) están concentrados en 3 de las 16 alcaldías, lo que ya nos habla de cierta desigualdad. No obstante, lo que más nos importa destacar son sus proyectos políticos, la diversidad de actividades que realizan, las redes que tejen y la territorialización que emprenden.

Desde hace más de un año nos reunimos varios compañeros y compañeras para reflexionar la manera en la que pensamos la autonomía en la ciudad y cómo hacer frente para su desdoblamiento. Son compas que vienen de distintas luchas, de distintas edades y caminos. Así, se hizo colectiva la idea (que ya venían trabajando algunos) de impulsar un espacio que animara la reflexión y acción de la autonomía urbana a través de actividades culturales, educativas, de oficios y de investigación. El proyecto derivó en la toma (momentánea) de un predio, depósito de chatarra de autos, de aproximadamente 15,000 m2 en la alcaldía Iztapalapa. Fuimos desalojados por más de 200 policías y unas 30 patrullas, sin embargo, el proyecto sigue vivo, se denomina Cama de Nubes.

Al avanzar en la investigación, salieron a la luz otras características interesantes: la diversidad de actividades, proyectos y temáticas que se abordan en los COIAA es infinitamente superior a la de los espacios sostenidos por el estado. Lo mismo se habla de autonomía, economía solidaria, autogestión, apoyo mutuo, medicina tradicional o feminismo; se impulsan talleres de educación popular, huertos urbanos, video comunitario, producción de chocolate artesanal o pan; se impulsan redes de consumo local, ferias multitrueque, monedas comunitarias, cafeterías o comedores populares, siembra en chinampas y un largo etcétera que incluye hasta una red de temazcales que se realizan en la ciudad. Todo esto es posible gracias al trabajo colectivo y las redes que han establecido en la ciudad, pero también por los vínculos que mantienen con comunidades de otros estados con las cuales se establece un intercambio de productos y actividades.

Territorios urbanos

Echar a andar proyectos COIAA en la ciudad obliga pensar territorialmente, lo que implica el régimen de propiedad de los espacios en los que se desenvuelven. Existen pocas formas en torno a echar a andar un proyecto COIAA y cada una implica una forma de vivir y resistir en la ciudad: se renta, se cuenta con la propiedad del mismo, se disputa al estado un comodato1, se consigue prestado solidariamente o se ocupan los espacios. En este sentido, aproximadamente un 70% de estos COIAA se ven en la necesidad de rentar un espacio para el desarrollo de sus actividades. Un caso icónico de estos es el Multiforo Cultural Alicia, recinto de música independiente que lleva abierto desde 1995, mismo que ha recibido a cientos de bandas, poetas, artistas de la cultura urbana, talleristas, cineastas, movimientos sociales y alojado actividades de solidaridad para la lucha popular, por lo que es un referente cultural y social. Otro que destaca en este sentido, es el Punto La Gozadera, considerado el primer espacio abiertamente feminista de la ciudad, que desde 2015 realiza actividades diversas en torno a los feminismos.

Por otro lado, aproximadamente un 25% de los COIAA realizan sus actividades en un espacio propio o prestado por las redes con las que se vinculan. Por ejemplo, el Centro de Estudios Casa de los Pueblos (CECAP) cerca del metro Zaragoza, es un espacio que se dedica a la producción de chocolate artesanal, se realizan talleres de distintos tipos y se desarrolla investigación sobre pueblos originarios en la ciudad (audios, videos, textos, cartografías), los materiales que se producen son traducidos a 10 lenguas originarias del país, mismo que se difunde en las comunidades a través de caravanas autónomas. Es un espacio de producción y socialización de conocimiento desde los pueblos.

Un tercer tipo, aproximadamente un 4%, ha disputado o negociado el comodato de su espacio. La Casa Nacional del Estudiante fundada en 1910, la más grande de Latinoamérica, se mantiene en este ámbito para dar alojo a estudiantes de familias populares de otros estados del país que realizan estudios universitarios en escuelas públicas de la ciudad, se localiza cerca del barrio de Tepito y ha tenido que resistir los embates del estado, los grupos de poder de comerciantes y el proceso de gentrificación. Otro caso es La Casa del Hijo del Ahuizote, lugar histórico donde anarquistas, incluidos Enrique y Ricardo Flores Magón, colgaran en 1903 una manta expresando “La constitución ha muerto” ahora, en calidad de comodato, alberga un museo, archivo, imprenta y centro cultural en el mismo centro histórico de la ciudad.

Por último, con menos del 1% existen los espacios okupados. Desde camellones, terrenos baldíos, parques o inmuebles abandonados son habilitados para desarrollar actividades político-culturales. Uno de los que más ha cobrado relevancia por el trabajo realizado en la periferia de la ciudad, en el municipio de Ecatepec, es el Barrio con Arte Nuestra Cultura Organizada (B.A.N.C.O), acrónimo que surge porque antiguamente era una sucursal bancaria BBVA, misma que fue abandonada por cuestiones de violencia e inundación. Ahí se realizan gratiferias que han tenido una gran recepción en la comunidad. No obstante, los espacios okupados son los más violentados por el Estado y el capital, en los últimos años hemos asistido al desalojo de espacios con varios años de trayectoria y organización como el Chanti Ollin, La Caracola o Casa Naranja.

En la actualidad, los COIAA enfrentan distintas dificultades vinculadas al sostenimiento económico de los espacios, el despojo, la especulación inmobiliaria y las tensiones internas propias de cada proyecto. Sin embargo, uno de los riesgos recientes está vinculado al intento de cooptación y despojo que ha representado el proyecto cultural denominado PILARES (Puntos de Innovación, Arte, Libertad, Educación y Saberes) impulsado por el gobierno de la Ciudad de México, mismo que pretende montar su propuesta sobre los centros culturales oficiales existentes y sobre varios de los COIAA que resisten. Un caso de estos ocurrió en junio de 2019, cuando se inició la construcción de un PILARES en un parque donde se realizaban actividades comunitarias como huerto urbano, talleres para niños y un temazcal, en pleno corazón de Tepito, un proyecto conocido como Tenoch 40.

En distintos foros que se han organizado para dialogar entre los distintos espacios COIAA, ha surgido la necesidad de reflexionar en torno a distintas temáticas: a) cómo establecer la defensa de los espacios frente al despojo, la especulación inmobiliaria o el asedio del estado; b) avanzar en la construcción de redes bajo principios de solidaridad, apoyo mutuo y fortalecimiento de los proyectos; c) diversificar las actividades y mirar hacia áreas poco atendidas como el transporte, los oficios o la producción de alimentos básicos (no existe, o al menos no conocemos ninguna tortillería COIAA); d) cómo fortalecer los proyectos al interior para lograr construir otro tipo de relaciones y prolongar la vida de los proyectos.

Escollos de la autonomía urbana

Sortear las enormes dificultades anotadas, que abarcan desde la represión hasta la cooptación estatal, sin caer en formas verticales y autoritarias en los espacios colectivos, impone la creación de comunidades urbanas, algo que en su propia formulación revela la inmensidad de la tarea. En este sentido, debemos reflexionar que las experiencias comunitarias, como las que desarrollan colectivos como la Comunidad Habitacional Acapatzingo en Iztapalapa con 600 familias, son el sedimento de un amplísimo movimiento popualr urbano que llegó a movilizar cientos de miles de familias, cuya inmensa mayoría fueron manipuladas por partidos políticos o cooptadas por el Estado.

Al “descubrir” ese inmenso mar de organizaciones de base autónomas y autogestivas, surge una pregunta: ¿Porqué no las vemos en nuestra cotidianeidad como activistas o como investigadores? ¿Qué nos impide colocarlas en un lugar destacado de nuestras acciones y reflexiones? No tenemos respuestas definitivas, pero creemos que sería valioso hacer alguna reflexión al respecto.

La primera es que la mirada dominante suele posarse en aquellos movimientos capaces de realizar actividades públicas contundentes, manifestaciones, plantones, concentraciones; que tienen dirigentes reconocidos y reconocibles por los medios; colectivos que, para actuar de ese modo, necesitan cierta institucionalización que, evidentemente, este mundo explorado, no tiene ni pretende tener.

La segunda es que ese mundo subterráneo, ninguneado por la bruma de la desinformación política y estatal, no está “unido” por una tupida red de enlaces o nodos que se congela, en la cultura política hegemónica, en lo que denominamos como “aparato” organizativo que, las más de las veces, termina siendo un objetivo en sí mismo que anula o desvitaliza el movimiento, entendido como la capacidad de mover-se del lugar material y simbólico heredado.

Algo más. Estos casi cuatro centenares de espacios, son profundamente reacios a los modos de la cultura política estadocéntrica y, aunque no siempre se identifican como comunitarios, autónomos y autogestivos, enseñan prácticas que van en esa dirección, algo mucho más importante que la afirmación discursiva identitaria. Puede considerarse una limitación. Pero también podemos entender la resistencia a conformar un aparato coordinador estable, o a establecer enunciados compactos, como una apertura a la diversidad, rechazo a la homegeneización y a los modos que caracterizan la acción política que reproduce el capitalismo.

1 El comodato es un préstamo de uso por el que una persona cede a otra el uso gratuito de un bien mueble o inmueble para que lo utilice, con la obligación de devolverlo pasado el tiempo pactado.

Publicado en desinformemonos.org