Uruguay

“Llevaba mi cuerpo a todas partes conmigo”. Evocaciones a partir de Adrienne Rich

29 enero, 2019

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Colectivo Manifiesto

“Llevaba mi cuerpo a todas partes conmigo”. Evocaciones a partir de Adrienne Rich


En estos años ha ido reverberando la pregunta sobre como es habitar las diferencias en el feminismo, cómo nos potenciamos, qué dificultades seguimos teniendo. Una pregunta que años atrás se hicieron otras y que en medio de un nuevo parto colectivo de un paro de mujeres, lesbianas y trans para el 8 de marzo, vuelve a insistir. Adrienne Rich aparece en la memoria y en el presente como inspiración para pensar nuestro linaje, nuestras diferencias y para prestar atención a los cuerpos y su poética.


“Llevaba mi cuerpo a todas partes conmigo.
En la espesura de la abstracción mi piel palpitaba con mi sangre”
Adrienne Rich

 

Instantáneas de una feminista1

Instantánea uno. Semanas atrás mi compañera y amiga Mariana Menéndez compartía una nota sobre Audre Lorde, en los que incluía los diálogos que Audre tenía con su amiga poeta Adrienne2. Diálogos honestos que evocan tantas otras conversaciones reales e imaginarias que en estos años de ir siendo feministas he tenido con otras. Empecé a escribir esta nota como diálogo imaginario con varias de ellas al evocar a esta otra madre feminista y poeta que hemos ido reconociendo. Y más precisamente, una de las que se animó a hablar de su experiencia de maternidad desde el feminismo. En estos diálogos aparecen muchas, pero están presentes especialmente otras compañeras feministas madres, que hacen desde hace un tiempo el esfuerzo por reunirse y pensar su maternidad en otras claves, que no solo las libera a ellas, sino que nos abren camino a todas, las que no somos madres, las que no sabemos si lo seremos, las que han decidido no serlo 3.

Instantánea dos. Cuando al cierre del Primer Encuentro de Feminismos en 2014 decíamos “Nos reconocemos lesbianas, heterosexuales, bisexuales y mujeres trans, queer y mujeres CIS. Negras, blancas, indígenas. Mujeres migrantes y de acá. Somos mujeres rurales y urbanas. Niñas, adolescentes, jóvenes, adultas y viejas. Estudiantes, trabajadoras, desempleadas. Somos madres, y no somos madres, y queremos serlo o no. Abortamos y ayudamos a abortar, o nunca lo hicimos. Somos todas paridas de mujer”, la densidad de asumirnos diferentes pero juntas no era la de ahora, algunas empezábamos a conocernos, algunas aún ni se nombraban feministas. Y yo apenas sabía que cuando decíamos esas palabras colectivas estábamos conjugando algo no solo bello, sino profundamente potente, pero no sé a fondo cuánto más sabía. De hecho cuando empezó a aparecer el decirnos paridas de mujer yo apenas había oído sobre Adrienne Rich, apenas sabía dos coordenadas de las luchas feministas anteriores y empezaba recién a familiarizarme con la teoría y reflexión feminista. En estos años ha ido cobrando forma y reverberando la pregunta sobre cómo es habitar esa diferencia, como nos potenciamos, que dificultades seguimos teniendo y la poesía y los ensayos de Adrienne han sido para mi siempre una ventana.

Instantánea tres. Una de esas charlas evocadas fue la del momento en que reconocí cabalmente mi cuerpo de mujer y lo difícil de significarlo en este mundo que todo lo simboliza fálicamente. El camino de hacernos feministas significó ver que iba con este cuerpo de mujer a todas partes, que eso era incómodo y hostil muchas veces pero que mi cuerpo esconde también placeres, posibilidades. Este cuerpo que llevo a todas partes empezó a sentirse plenamente distinto en los espacios feministas que en los mixtos, se miró al espejo diferente después de eso y fue un cuerpo más amado. O en palabras de Alejandra Pizarnik- otra poeta fuente de inspiración-un “amado espacio de revelaciones”. Un cuerpo al que escuchar en sus sensaciones que son mensajes. Un cuerpo al que recibir y reconstruir, un cuerpo que quiere encontrarse con otrxs cuerpxs que puedan sentirse a gusto más allá del canon impuesto desde el patriarcado. ¿Cómo significar la diferencia sexual desde infinitas posibilidades sin volver a negar lo que siempre fue invisible? ¿Cómo simbolizar de manera no esencialista pero sí política nuestra vulva, nuestro útero, nuestras hormonas y nuestros ciclos? ¿Puede eso tener un lugar de placer y no de dolor? ¿Puede eso ser fértil a las que quieran y las que no quieran afirmar su ser mujer, o en definitiva puede ser fértil para todes?

Instantánea cuatro.
 A esta treintañera a la que le preguntan sobre su maternidad y que ha ido a terapia para pensar su propia relación madre-hija, las palabras de Adrienne le han sacado más de una lágrima. Escuchar su experiencia de enojo e ira como parte de ese proceso además del amor inmenso por sus hijos fue sanador. Sus reflexiones sobre la experiencia de la maternidad en clave feminista me abrieron un mundo. Su insistencia en decir algo obvio “La vida humana nace de la mujer” dispararon nuevos caminos de búsqueda y un nuevo lugar a descubrir sobre las potencias de lo femenino. No me llevó eso a ser madre, ni siquiera a resolver esa duda, pero si a integrar esa experiencia femenina de otro modo, que no es el de la biologízación ni esencialización, pero que insiste en nombrar los riesgos de un mundo simbólico donde lo femenino quede afuera, una vez más afuera. Hoy hablamos de embarazo pensándolo como parte del estallido de lo binario y heteronormativo, se habla cuerpos gestantes4 o pensamos las crianzas desde los aportes de Susy Shock. Lejos de la clave biologicista que homogeiniza y separa, las palabras de Adrienne vuelven para insistir en el peligro de lo aparentemente neutro que se torna masculino en clave hegemónica. Hay otres cuerpos capaces de gestar  y de maternar, aunque el embarazo sea también algo propio de las mujeres. 

Instantánea cinco. Cautivada por su poesía y movilizada por su prosa, intento compartir en este texto algunas de las líneas que más me han interpelado a partir de dos de sus textos más conocidos: Nacida de mujer y Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana. Los datos básicos: nace en Maryland, EEUU, el 16 de mayo de 1929. Unas imágenes para evocarla desde lo que ella dijo alguna vez de sí misma. Una bebé blanca en medio de una nursery de bebés negros, en el Baltimore de los años 30. Una poeta premiada desde sus inicios, una poeta que se hace feminista y es además capaz de una prosa incendiaria en la madurez. Casada desde joven, madre de 3 hijos, que cuando puede escribe un diario como madre que luego se vuelve un libro sobre la maternidad desde el feminismo que aporta a pensar esa experiencia más allá de la opresión. Lesbiana por amor y convicción política, capaz de interpelar lo heteronormativo y abrir paso a pensar las relaciones entre mujeres como fuente de energía no sólo erótica. Feminista, judía y ciudadana de los Estados Unidos, serán otras de las claves que enunciará sobre sí misma y que la ayudarán a hablar desde un lugar situado y crítico, consciente de privilegios, sin que eso la paralice, sino que por el contrario la haga cada vez más aguda para nombrar las diferencias y desde la honestidad tejer puentes con más precisión.

Somos todas paridas de mujer

En términos biológicos nacemos solo una vez, llegamos al mundo desde el canal de parto o extraídas vía abdominal desde el útero materno. En términos simbólicos los nacimientos pueden ser muchos. “Aquí estamos, hemos vuelto a nacer” fueron las palabras colectivas con las que nombramos nuestra vivencia sobre un nuevo tiempo de lucha feminista en Uruguay. En esos años empezábamos a hablar sobre la cantidad de varones que podíamos reconocer en nuestra memoria de lucha, pero lo huérfanas de madre que nos sentíamos, de la dificultad de establecer un linaje de las mujeres que lucharon antes. Hoy mientras vamos tejiendo esos lazos de la memoria y aparece la pregunta por cómo estirar ese linaje a las compas más jóvenes, cómo transmitir experiencia y escucharnos. ¿De dónde viene esta insistencia en hablar de parir y nacer?¿Qué sentido tiene insistir hoy en decir parida de mujer? ¿Qué significa políticamente ser parida de mujer?
De las primeras cosas que una aprende sobre patriarcado es que ha implicado una domesticación de la sexualidad femenina, que eso ha sido mediante el uso de la violencia y la expropiación de los conocimientos que teníamos sobre nosotras mismas, sobre nuestros cuerpos, nuestros ciclos. Y también aprendemos que esto ha implicado una maternidad abnegada y sacrificial, enajenada y enloquecedora. Una maternidad que no sólo llena de mandatos a las que paren/crían sino a todas las mujeres como modelo femenino global. Las palabras de Adrienne, desde su experiencia concreta nos han ayudado a una redefinición de la maternidad como institución patriarcal, pero también como experiencia. Una experiencia que al desconocerse y simbolizarse como experiencia de unos cuerpos particulares ha implicado que se nos siga separando entre nosotras y que se debiliten los lazos intergeneracionales.

Si por una parte hay una larga tradición que ha mirado al aspecto social y cultural de la fijación del estereotipo de maternidad en la mujer, su carácter construido y especialmente han mostrado su lugar de dominación y explotación -desde Beauvoir, Lagarde o Federici-, también hay feministas que han desarrollado e insistido en que a pesar de ello la maternidad puede también leerse desde su capacidad de generar y sostener la vida y Adrienne fue una de las primeras en hacerlo. Con ello no niega ni desconoce el hecho de que la maternidad haya sido tomada por el patriarcado como unas de las formas privilegiadas de subordinación, pero permite reconocer que a pesar de ello la maternidad es una experiencia específica y que hay en ella una riqueza potencial no explorada para pensar la transformación social.

El rastreo de la experiencia de maternaje permite conectar con otras claves de lectura en las que la maternidad puede politizarse, socializarse y vivirse de modo diferente, como lo evidencia la tradición de lucha de miles de mujeres en la historia, a la vez que  recuperar y revalorizar la línea materna como fuente de conocimiento reconociendo que hay saberes y lenguajes que solo son transmisibles de mujer a mujer y que eso supone correrse del lugar de pobreza simbólica que busca siempre imponerse sobre las mujeres como condición para que seamos pensadas por otros y no desde nosotras mismas.

La dimensión creativa de todas las etapas del proceso materno, que es repetitiva y subordinada, pero a la vez creativa, y, por tanto, habilitadora de posibilidades socialización infinitas es parte de lo expropiado. Tal como se configura nuestro mundo simbólico es muy dificultoso conectar de manera no opresiva con nuestra disposición a la maternidad, es decir la potencia de generar vida, de crear más allá de gestar hijxs. Es fuerte reconocer cómo en el marco de la dominación masculina hemos reprimido la percepción originaria de la cavidad materna, lo mucho que nos cuenta conectar y apropiarnos de lo que creamos. ¿Será por eso que nuestra creación nos resulta ajena y es más fácil su expropiación?

Hay de fondo varias preguntas, por ejemplo: ¿De quién es el poder de generar?¿A quién se le reconoce la creación? El poder masculino ha generado y sostenido las condiciones materiales y simbólicas para que parezca que la prole, como creación mutua pero particularmente sostenida desde el cuerpo femenino, sea atribuida a los hombres. La madre queda como simple receptáculo de la creación de otro, exaltada de forma instrumental y simultáneamente invisibilizada en su fertilidad porque lo único que importa es la legitimación paterna. Si las relaciones madres-hijas en las sociedades patrilineales quedan subordinadas a las relaciones entre hombres, salirnos de esta clave será fundamental para comprender y desandar la desvalorización de las relaciones entre nosotras, junto a la desvalorización de nuestra creación, de nuestro trabajo y ser.

Una de las causas de nuestra ajenidad con nosotras mismas  es lo que Rich llamó “la heterosexualidad obligatoria”, en la que señala no solo la ausencia de un debate fuerte sobre lesbianismo en ese entonces, sino la necesidad de hablar de la potencia de las relaciones entre mujeres, no solo en lo erótico afectivo, pero incluyéndolo. Su llamado a pensar el “continuum lesbiano” es parte de la matriz que nombra aquellas relaciones intencionalmente políticas entre mujeres, retomadas desde el feminismo. El continuum lesbiano buscaba dar cuenta de la amplia gama en la vida de cada mujer y de la historia de las mujeres de experiencia de identificación con mujeres, que incluye y a la vez desborda, el deseo o experiencia sexual genital con otra mujer. Se trata de reconocer todas las experiencias de relación con otras mujeres desde el cuidado al nacer hasta el cuidado al morir. Incluye el compartir distintas formas de intensidad desde el compartir riqueza de la vida interior, la solidaridad ante la tiranía masculina, el dar y recibir apoyo práctico y político. Parte de este debate se nutre de los diálogos con las feministas negras de los años 70, además del vínculo concreto con Audre, porque fueron ellas las insistieron en que los registros de vivencia de ayuda mutua, apoyo, protección y amor en la crianza, en las tareas de cuidado en general se han gestado desde la resistencia cotidiana y que supone una especial fuerza para las mujeres, o como ella misma escribe en el poema “Hambre” dedicado a Audre Lorde “Hasta que no nos encontramos unas a otras estamos solas”.

¿Qué clase de tiempos son estos? 5 

El año pasado en el Encuentro de feminismos populares y desde abajo, tuvimos un conversatorio sobre maternidades feministas, dinamizado por las compañeras que están trabajando ese tema. Una ronda inmensa, dónde cada una decía su vivencia de ser madre, de haber decidido no serlo, o de sentir que aún era un deseo en contradicción. Tan contradictorio como lo que las que han pasado por la experiencia transmitían: “Nunca fui tan feliz”/“Me sentía loca, desbarrancada, desfasada”. Porque hay de ambas cosas, porque la vida puja y los mandatos agobian.

Lo más fecundo de ese espacio fue darnos cuenta de que se instala entre nosotras una separación muy fuerte, las que son madres y las que no, y que para la lucha feminista eso ha sido especialmente difícil de abordar. Una de las compañeras sintetizó la fuente de esa contradicción, “es que la sociedad no está preparada para una maternidad libre y digna”. En diálogo vamos descubriendo que no hay “una madre”, que hay experiencias diferentes de embarazo, parto, lactancia; que hay distintos arreglos familiares, madres lesbianas, madres trans, madres adoptivas, madres de crianza. Hay también cuerpos que no pueden gestar y lo desean y hay también presión por ser madre de cualquier modo. Hay madres que crian hijes ajenos por obligación y hay devenires complejos en términos de las relaciones de poder en lo que respecta a maternidad subrogada. En definitiva dar y sostener a vida precede y excede lo biológico y el problema no es la diferencia, sino la desigualdad que al jerarquizarlas se genera. El drama no es tener experiencias particulares, sino seguir el canon patriarcal y colonial que solo puede ordenar excluyendo y anula lo que si tenemos en común.

Estos están siendo tiempos de encuentro y de radicalizar juntes todo, porque nos mueve el deseo, porque experimentamos otros modos y tenemos la certeza de que otras formas de vivir son posibles. Hablar cada una desde su particular modo de ser o no ser madre nos permite ver el peso de la culpa que cae sobre todas, y dimensionar que  los mandatos de maternidad, en el fondo son mandato de femeneidad para todas. Que es sobre la culpa materna- que se esparce despareja pero a todas- que este mundo capitalista, patriarcal y colonial se sostiene. “La maternidad será deseada o no será” y si radicalizamos la maternidad, o lo materno, de algún modo estamos yendo al fondo de cómo se organiza la vida.

 
En juego de palabras con “Instantáneas de una nuera” de 1963, en la que Adrienne en medio de la lucha feminista en Estados Unidos en esos años comienza su acercamiento al feminismo no sólo como poeta sino como activista y a mí me evocó miles de imágenes de mi propio proceso. Si no fuera feminista tendría muchas palabras atragantadas en mi boca y en mi teclado. Estamos siendo juntas y cada vez que escribo algún texto siempre hay otra que me comparte parte de su tiempo, me lee y pensamos juntas. En este caso agradezco especialmente a Valeria Grabino por sus comentarios. Y a Victoria Furtado, Siboney Moreira y Mariana Menéndez por su lectura atenta de éste y básicamente todos mis textos.

 Nuestra madre feminista-poeta: Audre Lorde.

 Me refiero al colectivo de maternidades feministas que existe en Montevideo. El diálogo virtual incluye a Lucía Naser a partir de su texto  “Decidir ser madres. Pero que otrxs sean lo normal”

4  Parte de este debate sobre cuerpos gestantes fue lúcidamente abierto desde la lucha por aborto legal, seguro y gratuito en Argentina, especialmente en el proceso de discusión parlamentaria durante 2018

5 – En referencia al poema homónimo de la autora

 

*María Noel Sosa González es integrante del colectivo feminista Minervas y del colectivo de comunicación  Zur. Docente. Mitad duraznense, mitad montevideana. Viajera crónica, que de a ratos vive y estudia en México.

 

Referencias
Rich, Adrienne (1986). Nacemos de mujer. La maternidad como experiencia e institución. Madrid: Cátedra/ Universitat de Valencia. Traducción de Carmen Martínez Gimeno

Rich, Adrienne (1976) Heterosexualidad obligatoria y existencia lesbiana. Traducción de María-Milagros Rivera Garretas. De Adrienne Rich, Compulsory Heterosexualíty and Lesbian Existence, en Ead., Blood, Bread, and Poetry. Selected Prose 1979-1985. Nueva York y Londres: Norton, 1986,23-75. Escrito Inicialmente en 1978 para el número de «Signs» sobre Sexuality, este articulo fue publicado en esa revista en 1980.

Rich, Adrienne (2014) ¿Qué clase de tiempos son estos? México: UNAM/Universo literario. Traducciones de Flora Botton, Charlotte Broad, Eva Cruz, Marina Fe, Monica Mansour, Mario Murguía y Argentina Rodríguez