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Detrás de las llamas

15 marzo, 2021

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Matías Garay

Detrás de las llamas

El contexto de los incendios en Chubut; las leyes vigentes; la especulación y la crisis provincial.


En los últimos días asistimos a una catástrofe pocas veces vistas en la Patagonia Andina. Un incendio de gran magnitud dividido en siete focos simultáneos en las áreas suburbanas de El Maitén, Lago Puelo y El Hoyo, dejó como saldo la pérdida de más de 200 viviendas y cientos de personas evacuadas. Las condiciones estructurales de la provincia de Chubut agravaron aún más el desastre.

Lamentablemente el incendio forestal ocurrido en el mes de febrero en el paraje de Cuesta del Ternero, a sólo kilómetros de la localidad de El Bolsón, no fue el último de la temporada. En forma repentina, el martes 9 de marzo se desarrollaron distintos focos de incendios simultáneos en gran parte de la Comarca Andina del paralelo 42. El primero de ellos se originó en las cercanías de la localidad de El Maitén, al que le sucedieron al menos siete más entre la localidad de Lago Puelo (paraje Las Golondrinas y el sur de Cerro Radal) y El Hoyo. La sequía y los vientos intensos generaron que el fuego se propagara con extrema rapidez entre bosques nativos e implantados e ingresando en viviendas y chacras sin ningún freno.

Las hipótesis en torno al origen de los focos son diversas, pero más allá del hecho puntual, el desastre ocurrido responde a décadas de desidia, de desactualización y falta de fiscalización de los códigos de ordenamiento territorial de los gobiernos locales. A ello debemos sumarle la falta de inversión en infraestructura de una provincia cada vez más colapsada económicamente que sigue planteando que la minería es la única solución para todos sus males.

Veremos algunas posibles variables para comprender que la catástrofe no sólo fue producto del fuego, sino de un mecanismo complejo de interrelaciones estructurales.

 

Los incendios y las políticas públicas provinciales

El ordenamiento territorial vigente en algunos municipios de la Comarca es de principios de la década de 1990 y en muchos casos, los gobiernos locales tienen muy poca capacidad de fiscalización. Sumado a ello, existe una diversidad de jurisdicciones y agencias estatales que se yuxtaponen en el territorio: Subsecretaría de bosques, Ministerio de ambiente de la provincia de Chubut, Municipalidades, etc.

La desidia creciente en el ordenamiento territorial durante los últimos 30 años generó que en el noroeste de Chubut proliferaran loteos casi sin control, aserraderos ilegales o con evaluaciones de impacto ambientales lábiles, inconvenientes en los suministros de agua y energía eléctrica, problemas en la disposición final de los residuos y deshechos cloacales y un paulatino aumento en la extracción ilegal de madera y áridos. Todo ello en función de la creciente demanda en la construcción y las constantes excepcionalidades que otorgaron los poderes legislativos de los gobiernos locales que transgredieron las directrices de los ordenamientos territoriales a partir de negociaciones particulares y favores políticos locales.  

 

Los incendios y la infraestructura eléctrica

Uno de los principales problemas de infraestructura de servicios en el noroeste de la provincia de Chubut es la eléctrica. Desde hace décadas el servicio eléctrico, a cargo de la Dirección General de Servicios Públicos de Chubut, es obsoleto, sin inversión y se encuentra colapsado por la alta demanda energética que genera el crecimiento poblacional. Los cortes de luz son parte de la vida cotidiana de quienes habitan la comarca y los desperfectos de los transformadores aéreos cercanos a pastizales, bosques y malezas, muchas veces producen focos de incendios y convierten a la zona en una verdadera bomba de tiempo.

 

Los incendios y la especulación inmobiliaria

En Chubut, el artículo 105 de la Constitución Provincial de 1994 reconoce los bosques nativos como dominio del Estado provincial y deja abierta la posibilidad que mediante futuras reglamentaciones o excepciones puedan explotarse. Si bien hubo intentos de reglamentar el artículo 105 para poder hacer uso de los bosques (enajenar), los mismos no prosperaron. Ante ello, la alternativa de muchos especuladores inmobiliarios fue la separación del suelo (tierra) del vuelo (bosque) para obtener la posibilidad de enajenar las tierras pagando la tierra a valor fiscal.

De esta manera, si existían limitaciones jurídicas entre el suelo (perteneciente a los municipios) y el “vuelo” o bosque (perteneciente a la Subsecretaria de Bosques) que impedían el otorgamiento de los títulos de propiedad, se podían eliminar a partir de negociaciones políticas en Rawson o generando incendios que eliminaran el obstáculo del “vuelo” (bosque). Luego las tierras quemadas eran adjudicadas en venta desde los municipios a un precio muy bajo que aprovecharían los especuladores para realizar loteos.

 

Los incendios y el negocio de la madera

Uno de los hechos más claros que ocurre luego de los incendios es que se autoriza la extracción de la madera quemada a particulares que lucran con su venta. Este hecho sigue instalando en el imaginario local la idea que si no se autoriza la extracción de madera por la vía regular, existe la posibilidad de obtener ese beneficio de las zonas incendiadas propiciando con ello el oportunismo de algunos sectores madereros locales.

 

Los incendios y la organización social

Toda situación catastrófica visualiza aún más el grado de vulnerabilidad y desigualdad existente en la sociedad que se evidencia a partir de las posibilidades de organización y respuesta ante un evento catastrófico. Es por ello que pudo verse en estos días la organización espontánea de grupos vecinales en las autoevacuaciones y en el combate de los focos de incendios y la apertura de cortafuegos junto con brigadistas. En la mayoría de los casos, mucha gente se organizó intuitivamente ya que no existía una directriz clara sobre qué hacer ante una situación de estas características, justamente en un área de riesgo de incendios. La falta de organización generó que algunos caminos vecinales se encontraran colapsados de vehículos y que en algunos parajes en donde no existe señal de teléfono, se tomaran decisiones drásticas sin el acompañamiento de ningún organismo público.

 

Los incendios y el Plan Federal de Manejo del fuego

El Plan Federal de Manejo del Fuego es una red integrada por diferentes agencias y jurisdicciones para combatir incendios forestales en todo el país. Dicha red funciona rápidamente para contener y propagar los incendios a partir del combate terrestre y aéreo. Sin embargo el número de brigadistas (quienes están entre los mejores de Latinoamérica), muchas veces puede ser escaso en el momento inicial y no sólo se enfrentan al fuego, sino también a la precarización laboral.

 

Los incendios y el cambio climático

En los últimos cincuenta años el mundo fue testigo de vertiginosos cambios meteorológicos y climáticos a nivel global. Áreas templadas comenzaron a transformarse en más cálidas, aumentaron las precipitaciones en ciertas regiones del planeta y disminuyeron en otras. El cambio climático global es un hecho incuestionable, pero también existe un uso político del mismo.

Los incendios son catástrofes que se agravan por la falta de precipitaciones y extensos períodos de sequía, pero no sólo se le puede atribuir la culpa de ese evento al cambio climático global donde es difícil identificar e individualizar a los responsables específicos y los gobiernos locales serían sólo rehenes de dicha situación sin poder hacer nada al respecto, porque la culpa está en otro lado y es intangible.

Si bien existen características naturales que pueden generar peligrosidad y amenaza, no se debe descartar que la falta organización política, social y económica puede generar que un hecho natural (sequía, sismos, erupciones volcánicas, etc), se transforme en una catástrofe.

 

Los incendios y el futuro

La catástrofe ocurrida nos permite visualizar la extrema vulnerabilidad de la Patagonia Andina ante los incendios forestales que ocurren año a año. Gran parte de la población no se sintió preparada para hacer frente a este evento. Por otro lado, es necesario analizar los alcances de las modificaciones a la Ley 26.815 de Manejo del Fuego que prohíben por 30 años la realización de emprendimientos inmobiliarios o agricultura extensiva que modifique el territorio de manera distinta a la que se encontraba del incendio. Así también, en el caso de incendios de bosques nativos, áreas naturales y humedales, se contempla una prohibición de 60 años para modificaciones en el uso del suelo o actividades diferentes a las que se desarrollaban antes del inicio de los focos. Si bien existen muchas interpretaciones y críticas a estas modificaciones, al ser una ley de presupuestos mínimos debería garantizar un umbral básico de protección ambiental en forma uniforme en todo el territorio nacional. Es decir que es “un piso” que garantiza a todo habitante del país una protección ambiental mínima más allá de la jurisdicción de la que se encuentre.

Ahora es el momento para proponer nuevas formas participativas en la planificación y ordenamiento territorial en los espacios locales y un mayor control ciudadano en las adjudicaciones en venta de tierras fiscales realizadas por los municipios, como así también del uso a quién se beneficia con el uso de la madera de zonas incendiadas. Por otro lado, es imprescindible que exista cierta una piso de conciencia de riesgo ambiental en la población y conocimientos útiles para mitigar o minimizar los efectos de estos eventos catastróficos: relevamientos periódicos de tendidos eléctricos de riesgo, poda de árboles, cortafuegos, desmalezamientos, conocimiento de primeros auxilios, señales de evacuación en cada paraje, mayor control de aserraderos, entre otros.

El fuego no sólo arrasó ecosistemas y viviendas, también destruyó inesperadamente proyectos de vida y modificó violentamente la vida cotidiana de quienes habitan en la comarca chubutense. Paulatinamente queda resurgir de las cenizas, comenzar a reconstruir y asumir que la cordillera no sólo es una bella postal y una mercancía para las inmobiliarias y madereras, también es el territorio que habitamos y defendemos para las generaciones venideras.

 

Adrián Monteleone es Profesor en Geografía y Magister en Ciencias Sociales.

Publicado en enestosdias.com.ar