Uruguay

Historia de un tal Mario: de la privación de libertad al trabajo en la construcción

30 junio, 2014

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Historia de un tal Mario: de la privación de libertad al trabajo en la construcción

Más de 20 jóvenes provenientes de Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa) han pasado por una experiencia de trabajo como medida alternativa. Compartimos el articulo de la Revista Contrapunto que relata una de esas experiencias desde la mirada de Julio, militante del Sunca y referente de Mario.


Desde 2012 el Sistema de Responsabilidad Penal Adolescente (Sirpa) dependiente del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU), se aboca a la búsqueda de acuerdos con organismos públicos y privados, que brinden oportunidades laborales a adolescentes privados de libertad y con medidas alternativas. Es en este marco que el Sindicato Único Nacional de la Construcción y Anexos (Sunca), junto con la empresa Calpusa, desarrolla una experiencia, integrando a la plantilla de trabajo como peones bajo las mismas condiciones y salarios que el resto de los trabajadores del sector, a los jóvenes provenientes del Sirpa. En cada obra hay un militante del Sunca como referente de los muchachos, “padrino”. A la fecha, más de 20 jóvenes han pasado por esta experiencia de trabajo.

Por su parte el convenio expresa que los adolescentes continúan bajo responsabilidad del INAU, quien realiza un seguimiento. La edad es un elemento a considerar, ya que para trabajar en este sector deben tener 18 años, a la vez que es un requisito que el joven no tenga problemas de consumo de drogas. Para los integrantes del Sunca es imprescindible minimizar el riesgo, la obra es un lugar peligroso, se trabaja en altura.

Sumado a la incorporación de los jóvenes en la obra, el gremio brinda actividades de capacitación a adolescentes privados de libertad en los propios establecimientos, a través del Fondo de Capacitación de la Construcción.

Entrevista con Julio Troisi, militante del Sunca, referente de obra

Julio es un veterano obrero de la construcción que trabaja hace tiempo para la misma empresa y conforma una cuadrilla estable con varios trabajadores más. Es también militante de su gremio, el Sunca. 

El relato de Julio transcurre por la vida de ese joven al que figuradamente lo llama “Mario”, su experiencia vital, lo que lo lleva a delinquir, la reclusión, sus comienzos en la construcción. Mario es el alter ego de este joven y de muchos otros que han estado presos y hoy son obreros de la construcción. También se explaya sobre su tarea, la de referente de obra, de consejero de Mario, la de padrino de un persona que encuentra en la construcción un lugar donde quedarse, habitarlo con el resto de sus compañeros, un lugar contradictorio, pero que parece hecho a medida. 

Aunque en algunos pasajes de la entrevista se le escapa el nombre real de Mario, Julio no quiere exponerlo, lo cuida, el padrino cumple su tarea en todos los terrenos y nuestra conversación no es la excepción.

Julio habla dándole voz a quien no la tiene, desde un lugar sin concesiones ni hipocresía. Durante la entrevista, Mario se sienta y cuenta su historia en primera persona en las palabras de Julio, con el un riesgo que implica asumir estas palabras como las verdaderas de aquel joven que paso por la Colonia Berro y hoy es un obrero de la construcción. Cada uno podrá sacar sus conclusiones. Elegimos este lugar para contar una historia, la preferimos a las visiones apocalípticas, judicializantes. Preferimos la comprensión y el cariño con el que Julio se refiere a Mario, que el desprecio portado en su rótulo de menor infractor, peligroso, potencialmente bestia. Preferimos otro lugar, ni lobo, ni cordero.

En las experiencias desarrolladas por el Sunca siempre hay un referente para los gurises que llegan, porque hay que enseñarles a moverse en el ambiente de la obra y aconsejar en algunos asuntos, viéndolo entre los dos. Según Julio esto hace que el gurí  se sienta seguro al estar acompañado. “También la gente de INAU va a la obra, hacen seguimiento del muchacho, conversan con el referente, con el capataz, preguntan cómo va, si cumple, si va en condiciones, si se maneja bien con el dinero, etcétera, sobre todo al principio, hasta que ven que el muchacho camina”.

Existen algunas claves para que la construcción sea un buen lugar donde Mario y otros jóvenes se enganchen. Julio las enumera “no se necesita conocimiento previo para trabajar en la construcción; muchos de los trabajadores del sector comparten historias de vida similares a la de Mario y si bien hay de todo la obra es un espacio solidario, de apoyo mutuo entre los obreros”. Mario participa así en un trabajo formal donde comparte espacios en relaciones de relativa igualdad.

Para Julio la construcción es un gremio muy solidario. “Más allá de las obras sociales del Sunca, en la obra siempre te dan una mano para el boleto, o si no llevás comida vas a comer como uno más. Este muchacho cuando llegó tenía miedo, era pequeño físicamente en relación a los demás trabajadores de la obra. Pero con la colaboración de los compañeros y también con el apoyo del capataz y del patrón de la empresa Mario fue aprendiendo el oficio y las reglas, así trabajó durante toda la obra, un año y medio”

Para Julio, en la obra el joven tiene que ser un trabajador más, en todo sentido, no corren las excepciones, no puede llegar tarde, si llega tarde se manda para atrás. No puede llegar más o menos a las 7am, sino que a las 7am tiene que estar ya con la ropa de trabajo pronto para empezar la jornada. El almuerzo es a las 12, hay que avisar si se sale de la obra, y hay que bancarse las órdenes del capataz. En la obra hay una jerarquía, y los gurises de repente no están acostumbrados a esto. Tampoco se pueden resolver los problemas a la fuerza, con violencia, sino que hay otras formas, dialogando, planteando las cosas como corresponde. Ahí no rige la ley de la selva, como puedo ser en otros ámbitos de la vida de los gurises, ya sea el barrio o la Colonia Berro. “La realidad es esta, vos tenés la chance de subirte al carro y vamos todos, ahora si no lo vas a hacer así, no cuentes con nosotros, el interesado tenés que ser vos y nosotros te acompañamos. Mario lo entendió perfectamente”.

Julio hace hincapié en el prejuicio ante estas circunstancias, “Mirá macho acá Mario no empezó a trabajar y le faltan las herramientas a fulano (…) no podemos ser caretas, en la construcción todos compramos cosas en la feria, las cuales muchas son robadas. Hay que proteger a este muchacho de nosotros mismos, de nuestros propios prejuicios. Puede haber cometido un error pero eso no lo puede marcar para toda la vida”. Ante la llegada de un joven de INAU a la obra, si bien hay aceptación general, no falta quien sale con un comentario o actitudes prejuiciosas.

Frente a esto Julio elije la metáfora para desarmar el prejuicio: “Si viajas con un compañero en un coche y sabes que una vez tuvo un choque, no podes estar todos los días diciéndole mirá que una vez chocaste, no lo ayudas. Lo mismo debe darse en la obra, no se puede señalar a un compañero por los errores cometidos antes, más con un gurí que tiene una oportunidad para salir adelante.»

En algunos casos los gurises salen a trabajar a la obra y luego vuelven a la Colonia Berro o donde corresponda. Mario ya había salido por lo que luego del trabajo regresaba a su casa. Cuando cobran el sueldo hay que dar aviso a INAU, ya que administrarlo a lo largo del mes es también un aprendizaje, probablemente sea la primera vez que tienen un sueldo en la mano. En este sentido Julio dispara con un caso paradigmático: “Uno de estos muchachos trabaja todo el mes sin problemas, cobra el sueldo, pasa por un comercio, ve una heladera y pregunta cuánto sale, ponele 10 pesos. Cuenta su sueldo y ve que le alcanza, compra la heladera y loco de la vida se la regala a la madre. ¿Y el boleto para el resto del mes y la comida para el resto del mes?”

En la conversación Julio reflexiona en torno a la situación de vida que lo llevó a delinquir, ¿qué pasó antes? Para el padrino de Mario esto es importante dado el prejuicio social portado en la expresión “están de vivos”. Como si Mario no fueran parte de esta sociedad, producto de las condiciones de vida que genera y los valores que priman. Al principio frente a la pregunta solo se escuchaba el silencio, pero un día le contó. Mario tiene 3° año de liceo hecho. Su madre trabaja en limpiezas y obtiene a cambio un sueldo bajísimo, el padre los abandonó, son cuatro hermanos y las necesidades materiales sin satisfacer fueron la regla. El relato de Mario en la voz de Julio lo confirma: “Nunca estrenamos un par de zapatos, ni fiestas ni reyes, no ves nada, te empieza a doler. Empezás a echarle la culpa a tu vieja, un día le pedís los boletos para ir a estudiar y no hay y te calentás. Después ves la vieja para la que trabaja mi madre, tiene de todo, le sobra, y a mi vieja le da dos mangos y la destrata”. En paralelo la barrita del barrio, “te come la cabeza y te convencen. Afanaste a uno y nadie te vio, y fue fácil, sos más rápido, y te podes vestir, y comer”. “Y ta, a esta vieja se lo saco de pesado. Te sentís Robin Hood, robás, le compras cosas a tus hermanos, los llevas a Mc Donalds. Un día caés preso, estás encerrado y empeorás la situación de tu casa, tu madre te tiene que llevar jabón, pasta de dientes, quitándoselo a los hermanos más chicos”.

Frente a la pregunta de si robaría de nuevo, la respuesta está fuera de toda hipocresía. La experiencia de Mario lo hace reflexionar y no tiene ninguna duda que si fuese por él no volvería nunca más a estar preso. Esa no es la realidad de todos los gurises, algunos piensan que “ligaron mal, que en la próxima no los van a agarrar”. Pero la realidad es cruda “ahora estoy afuera, mañana pasa lo mismo, y mis hermanos están pasando hambre, hay que comer todos los días, hay que ir a la escuela y no poder comprar una caja de lápices de colores, ¿sabés cómo te duele eso? Yo creo que no, pero si me pasa capaz un día me rayo y se va todo a la mierda y voy a salir a buscar la comida de mis hermanos. No es justo que si mi madre trabaja y yo trabajo pasemos las necesidades que pasamos”. 

Esta experiencia particular ha sido muy positiva, ha resultado, los hechos lo demuestran.  Mario cumplió con los horarios, con el trabajo, con los acuerdos. No reincidió y está en seguro de paro esperando ser llamado para la siguiente obra. Durante la entrevista con Julio le llegan varios mensajes de compañeros de cuadrilla, Mario incluido, esperando el llamado para sumarse a la nueva obra que está comenzando y paulatinamente integrará a los trabajadores. El padrino no terminó su tarea con la finalización de la obra anterior, mantiene comunicación cotidiana con Mario, como con cada uno de los integrantes de su cuadrilla.

La experiencia desarrollada entre INAU y Sunca marca una alternativa más que interesante en oposición al encierro prolongado. Seguramente no será “la” alternativa para todos los jóvenes privados de libertad, no obstante demuestra la necesidad de experimentar nuevas caminos para la recuperación de los muchachos donde contar con referentes cotidianos y “pares” parece ser uno de los grandes aciertos. Julio y el resto de los compañeros de la obra realizan una tarea sumamente difícil para las instituciones estatales. Escuchan, aconsejan, acompañan, le brindan afecto y lo más importante es que integran a Mario como uno más.  

 

Publicada en Revista Contrapunto