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Abolición

27 octubre, 2019

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Zur

Abolición


Las luchas se condensan en las palabras y las capturas de esas palabras borran la historia de luchas. En su primera columna para Zur, Susana Draper reflexiona sobre las capturas actuales de la palabra “abolición” cuando es usada por algunas personas para referirse a la abolición del trabajo sexual.


Las palabras trazan muchas veces el itinerario de una lucha, sus historias, sus devenires, sus posibilidades. También el silenciamiento de historias vive a través de las diferentes formas de vincularnos con la lengua. Un tipo de silenciamiento funciona separando el acontecimiento de la posibilidad de expresarlo. Otro tipo de silenciamiento funciona a través de la apropiación de palabras que fueron claves en una lucha para inscribirlas en otro campo y función, borrando la larga historia de luchas que se asociaban a esta o limitándolas a un uso que termina provocando la función metonímica.

Pienso en lo que está pasando con la palabra “abolición”: de referir a la larga lucha por la abolición de la esclavitud en el siglo XIX y su continuidad en la abolición de las cárceles como mecanismo en el que siguió operando el sistema de plantación, se empieza a acotar la palabra para referir a las personas de un tipo de “feminismo” que quieren terminar con el trabajo llamado “sexual”.

A veces, sin darnos cuenta, una palabra que quería decir muchas cosas empieza a solo decir una cosa. Y si esta palabra es importante en nuestra vida por razones diversas, nos viene una sensación de rabia e incomodidad. Raquel Gutiérrez habla de estas formas de apropiación política como capturas semánticas. Es decir, cuando palabras claves de una lucha son apropiadas por determinados grupos, usualmente desde una situación dominante en términos de ejercicio de poder, y son neutralizadas de su potencialidad para abrir otros universos políticos. Por ejemplo, la palabra “igualdad”, que en una de sus vetas de historia de luchas tiene un peso político fuerte en tanto que exige la necesidad de imaginar un mundo sin la jerarquización que marca la denigración, marginalización y explotación de unxs para el aumento de la riqueza de pocos, quedó limitada a entenderse como un parámetro de medición de lo que existe. El feminismo liberal tradujo en su lengua de derecho existente la demanda de igualdad revolucionaria de los feminismos populares, obreros; y entonces se genera la paradoja de que si usamos la palabra igualdad parecería que lo que queremos es entrar en el mundo de privilegios que tienen algunos hombres en un mundo que no nos interesa, que queremos transformar.

En Estados Unidos, la expresión “políticas de identidad”, usada por primera vez por las fundadoras del Combahee River Collective, fue luego apropiada por diferentes grupos políticos para significar, las más de las veces, algo que no tiene nada que ver con la lengua de las luchas por la justicia social acuerpado por el Colectivo [1]. Lo que en ellas implicaba una honestidad capaz de conectar el lenguaje político con las múltiples formas de opresión que vivían cotidianamente y poder hablar desde ahí se transformó en una palabra que fija en un solo sentido la capacidad de darse nombre. Así, “política de identidad” se convirtió en el opuesto: un modo de separar gentes y comunidades, un modo de congelar vidas múltiples en una casilla de formulario burocrático.

En las capturas semánticas opera un vaciamiento político que necesitamos siempre combatir insistiendo en la historicidad de las palabras cargadas de luchas y de fuerza.

Abolición

Quizás sea un momento en que la palabra “abolición” esté siendo un escenario de este drama. Quizás por vivir en Nueva York, la palabra “abolición” remite casi automáticamente a la continuidad de la lucha abolicionista del siglo XIX en la lucha por un mundo sin cárceles en el siglo XX. Es decir, un movimiento en el que intentamos interrumpir la creación de más cárceles e imaginar cómo funcionaría la sociedad si no encontráramos en la forma de la cárcel una supuesta solución para resolver problemas que tienen sus raíces en sistemas profundos de desigualdades económicas, de racismos, de machismos exacerbados, de binarismos de género, de criminalización de lo que no se acota a los roles fijados, etc.

Sin embargo, al hablar con una compañera de Buenos Aires y luego con otra del movimiento feminista en Madrid y otra en Barcelona, nacía un malentendido que me hizo pensar. Ellas hablaban de lo que está pasando entre compañerxs trabajadorxs sexuales y quienes se llaman “abolicionistas” para referir con eso a su rechazo al trabajo sexual. Abolir en ese contexto significa abolir el trabajo sexual. Lo que me parecía loco era que entonces yo tenía que decir “abolicionismo” y explicitar: “abolición de las cárceles” mientras ellas solo decían “las abolicionistas”. Pensé enseguida: ¿por qué una palabra tan, tan importante en las luchas de tantas comunidades negras, trans, pobres, racializadas, marginalizadas está siendo reducida así para significar solo esto que un grupo de feministas (quizás blancas) considera su mirada de mundo justo? ¿Es esta una forma en la que nuevamente se está borrando una historia tan importante y tan presente para comunidades permanentemente subalternizadas? Al convertir a las “abolicionistas del trabajo sexual” en “las abolicionistas”, sin más, parecía que otra vez un cierto feminismo capturaba la larga historia de lucha por la justicia social del feminismo negro. Algo así pasó en medio de la lucha abolicionista de la esclavitud y la lucha de las sufragistas, sobre esto existen textos muy importantes de Angela Davis y bell hooks, entre otras [2].

La palabra “abolición” tiene una historia que remite a la abolición de la esclavitud como sistema social y como forma de jerarquización racial, económica, social. En Estados Unidos, de modo feroz porque es el lugar que más encarcela, y en el resto del mundo en modos no menos feroces pero quizás no tan visibles, luego de la abolición de la esclavitud llegó la cárel como forma de continuar el despojo y la constante precarización. Hoy día es un negocio tan redituable que no paramos de ver como soluciones al horror los sistemas de privatización de cárceles enteras o de sus servicios, y la inversiones que se hacen desde Wall Street. Hoy día una feroz guerra contra mujeres, contra trans, está teniendo lugar en la cárcel y, por esto, la lucha por el abolicionismo de las cárceles en Estados Unidos va vinculada a la lucha de muchos feminismos negros, comunitarios, buscadores de otra lengua de justicia social [3].

Mujeres cruciales del feminismo negro yla lucha por la justicia social, como Angela Davis, comenzaron a sistematizar en forma de movimiento un proceso que habla de abolición de las cárceles y de la necesaria vinculación de feminismo y abolicionismo en este sentido [4]. Dentro de estos grupos no necesitamos acotar la palabra “abolición”, porque esta significa la posibilidad de un mundo diferente y muchas de las personas claves en la lucha de este abolicionismo fueron y son trabajadorxs sexuales, personas trans, personas que no califican en las casillas binarias del sistema actual y que han sido cruciales para abrir horizontes cuando decimos “justicia”. Por eso, cuando de a poco se captura la palabra “abolición” en la sola idea de abolir el trabajo sexual creo que se borra la historia fuerte de esta palabra, denigrando, marginalizando e invisibilizando la participación crucial de personas que fueron o son trabajadoras sexuales en la lucha constante por la abolición de las cárceles.

Por lo tanto, aunque suene algo menor, el esfuerzo de evitar la metonimización (es decir, transformar una parte en el todo) que está aconteciendo actualmente entre “abolición” y las personas que se apropiaron de la palabra para su causa de terminar con el trabajo sexual, es un gesto político importante. Es también un acto de reconocimiento hacia tantas trabajadorxs sexuales que han sido y son cruciales en la luchas por imaginar otra vida en este planeta. Mantener abierta su significación en lugar de cerrarla a un solo uso que la fija, nos permite no solamente insistir en la historicidad que se inscribe en ciertas palabras sino también hacer posible que se conozcan estas historias que de otra forma quedan borradas, una vez más, en procesos de múltiples separaciones.

[1] En How we get free. Black feminism and the Combahee River Collectve, Keenanga-Yamahtta Taylor escribe: “Las mujeres del Combahee River Collective no definieron ‘políticas de identidad’ como algo excluyente donde solamente aquellxs que experimenten formas particulares de opresión puedan luchar. Tampoco pensaron en ‘políticas de identidad’ como una herramienta de reclamo para lxs más oprimidxs. Las vieron como un tipo de análisis que pudiera validar las experiencias de las mujeres Negras al mismo tiempo en que creara una oportunidad para volverse políticamente activas para luchar por las cosas más importantes para ellas.” Barbara Smith agrega en la entrevista que realiza Keeanga: “Lo que nosotras decíamos era que tenemos un derecho como gente que no es solamente enmarcada como ‘femenina’, o como ‘negra’, o como ‘lesbiana’, o como ‘clase obrera’ o  como trabajadoras -que somos una gente que acuerpa todas estas identidades y que tenemos un derecho a construir y a definir una teoría y práctica política basada en esa realidad. Eso es lo que quisimos decir por ‘política de identidad’. No dijimos que si no sos como nosotras, entonces no sos nada. No dijmos que no nos importaba nadie que no fuese exactamente como nosotras. Una de las cosas que decíamos frecuentemente era… que sería realmente aburrido hacer trabajo político solamente con quienes son exactamente como yo.”

[2] Angela Davis, Mujer, Raza, Clase; bell hooks, ¿Acaso no soy una mujer? Mujeres negras y feminismo.

[3] Un texto crucial para entender la conexión entre feminismos desde abajo y abolición de cárceles es Statement on Gender Violence and the Prison Industrial Complex, escrito entre lxs colectivxs INCITE! y Critical Resistance. Otro texto reciente que repasa el movimiento abolicionista del complejo industrial carcelario es What Abolitionists Do?.

[4] En 1998 se creó Critical Resistance (Resistencia Crítica), una organización nacional que ha sido crucial en la articulación del sentido y de la visión de transformación social que acompaña al movimiento abolitionista del complejo industrial carcelario actual. El periódico bilingüe que circula dentro y fuera de las cárceles se llama The Abolitionist Newspaper / La Abolicionista.