Los restos de Camilo Torres y el futuro de Colombia
Días atrás se confirmo oficialmente el hallazgo de los restos de Camilo Torres Restrepo, sacerdote, sociólogo y político revolucionario colombiano, muerto en combate hace 60 años. Figura destacada de la teología de la liberación y de la investigación participativa, Camilo ha sido una referencia para organizaciones populares de todo el continente. El hallazgo de sus restos aporta nuevas interrogantes a la coyuntura y la discusión sobre el futuro de Colombia. Compartimos una carta abierta que proponen organizar un ciclo de celebraciones de los 60 años de su muerte y 100 de su nacimiento (que se cumplirán en 2029)
CARTA ABIERTA AL GOBIERNO DE COLOMBIA, EXPRESIONES POLÍTICAS Y ECUMÉNICAS
El 23 de enero de 2026 se hizo pública la información de que se habían encontrado e identificado plenamente los restos mortales del sacerdote–sociólogo Jorge Camilo Torres Restrepo (1929-1966), cuyo paradero se desconocía desde el 15 de febrero de 1966 y que había sido guardado como “Secreto de Estado”. En horas de la tarde, la directora de la Unidad de Búsqueda de Personas Desaparecidas (UBPD) de Colombia, dijo en una rueda de prensa que habían buenos indicios de que eso fuera posible y, finalmente, el Presidente de la República, Gustavo Petro, terminó de confirmarlo en un tuit.
La noticia nos pone muy felices porque reconocemos la trascendencia histórica de este hallazgo tan anhelado por todos los corazones a lo largo de seis décadas. Es un logro colectivo que inició Isabelita, su madre, al día siguiente que supo la noticia de su muerte. Este hecho nos imprime fe y esperanza en este tiempo de furias irracionales, de intimidación de poderes imperiales y de intentos de desarmar el aliento de una humanidad humanizada. Camilo renace, aparece en sus restos para consumar la fe en el albor humano, el amor eficaz y la paz para todos los pueblos de mundo.
Camilo y decenas de hombres y mujeres hicieron posible la construcción del Frente Unido, como forma organizativa del poder popular. En Camilo encontramos al precursor de la teología de la liberación, la Investigación–Acción Participativa (IAP), la Educación Popular en Colombia y el Socialismo Raizal. Es el primer colombiano universal, símbolo del amor a las demás personas, de compromiso honesto con el cambio social, apóstol de la unidad de los sectores oprimidos, y exponente del pensamiento crítico y de los mejores valores del Evangelio. Es el epítome de una generación que no ahorró ni una gota de sudor y sangre para construir un país justo, próspero, solidario, humano.
El cuerpo de Camilo deja de ser un “Secreto” para convertirse en un símbolo de esperanza nacional y en una referencia que puede permitir poner fin a la guerra endémica e iniciar caminos de reconciliación, esclarecimiento histórico, memoria, verdad, justicia y reparación integral, no sólo con y por él, sino con y por todas las personas que han sido víctimas de la desaparición forzada. Para que esto sea posible, necesitamos blindarlo de todo cálculo de rédito político, y toda forma de instrumentalización conducente a la manipulación política, el manoseo histórico, el apoderamiento personalista o grupalista. Además, no debe usarse como moneda de cambio en las disputas del poder. Convertir su memoria y legado en esto sería contrario a la esencia de Camilo.
Creemos que el Estado colombiano debe co–protagonizar la narrativa de la reparación histórica y facilitar las condiciones para construir un diálogo con instituciones educativas de diversos niveles, movimientos ecuménicos, equipos de investigación independiente y demás fuerzas vivas de la sociedad civil (organizaciones sociales, movimientos populares, feministas, campesinas, indígenas y racializadas) que se reclaman herederas de Camilo y quienes han trabajado de forma denodada en la recuperación del cuerpo, el esclarecimiento histórico y su reparación integral.
Por ello, proponemos convocar a una mesa amplia que trace una Hoja de Ruta que permita: Esclarecer los hechos de la muerte, desaparición forzada y reaparición; construir una instancia pública de perdón por parte del Estado colombiano por la desaparición del cuerpo y su ocultamiento deliberado; y, diseñar una política pública que reconozca y reivindique el lugar que Camilo se merece en la historia nacional.
Finalmente, invitamos a conocer, difundir, articular, coadyuvar y participar en las diversas iniciativas proyectadas en Colombia y el exterior, en el marco de la “Campaña Camilo, Legado Vivo”, que articula los sesenta años de su muerte (2026) con el centenario de su natalicio (2029), respetando la autonomía y la dinámica popular.
¡Hagamos de Camilo el símbolo de la unidad popular!
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