Uruguay

El lado oscuro de la Tierra

11 mayo, 2026

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Imágenes difundidas por NASA

El lado oscuro de la Tierra

El mes pasado en una misma semana convivieron conmovedoras imágenes nuevas de la luna y la tierra, junto a la de niñas entre escombros, genocidios por poder y territorios, paranoia, la amenaza de exterminio de toda una civilización de la humanidad. Del cosmos del que somos una partícula a la posibilidad inminente del auto-exterminio. ¿Será que hemos perdido definitivamente la posibilidad de vivir la experiencia de la humildad ante el milagro y el misterio de la vida, de cada vida?

 

Vivir es una pasión arrancada del terror

Anne Dufourmantelle

 

Esa misma semana les recordé que tenían parcial a mi grupo de estudiantes y agregué, sin darme cuenta, “si nadie aprieta el botón rojo”. Mis ojos de adulta se encontraron con los de un estudiante apenas saliendo de la adolescencia y sentí culpa.

El viento es frágil, una flor es frágil, el amor es frágil, los afectos y los vínculos son frágiles. Y sí, la vida, una flor, un amor, un deseo, un cuerpo, todo eso es frágil y contiene siempre de algún modo, la posibilidad de su final. Sin embargo despertamos por las mañanas, preparamos el desayuno, trabajamos y dedicamos tiempo a las plantas y las crías.

Una amiga me cuenta que vio después de muchos años, un informativo en televisión abierta. Quedó indignada. Indignada por lo que mostraba: la mierda desbordando en Casabó desde hace 35 años, el crimen del delivery venezolano, las declaraciones de su familia, la pregunta por el joven de 30 años, sin antecedentes, con auto, que lo asesinó. Me cuenta del policía que mató a su joven pareja y a sus padres. Ahí nos enteramos que un tipo cualquiera, con seis meses de entrenamiento (hasta 2025 era apenas tres), porta un arma y resulta que así nos enteramos que nadie evaluó seriamente los riesgos de hacer tal cosa. Cuando vuelvo ahora sobre este texto, son tres los deliverys asesinados.

Leo a Úrsula K. Le Guin que dice que este mono-humano que somos hacía para vivir, era recoger semillas, raíces, brotes, pequeñas plantas, hojas, frutos varios y cereales, añadiéndoles insectos y moluscos, y atrapando pájaros, peces, ratas, conejos y otros pequeños animales, para aumentar las proteínas. Y ni siquiera teníamos que trabajar duro para todo aquello, -mucho menos duro que los campesinos esclavizados en los campos de otros después de que la agricultura fuera inventada, mucho menos duro que los trabajadores asalariados desde que la civilización fuera inventada. La persona prehistórica típica podía vivir bastante bien trabajando unas quince horas a la semana. Quince horas de trabajo a la semana para sobrevivir dejan un montón de tiempo para otras cosas. Tanto tiempo que fuese posible tener un niño cerca para darle vida, o habilidad haciendo cosas, cocinando o cantando, o pensamientos muy interesantes que pensar. El primer artefacto cultural probablemente fue un recipiente. Muchos teóricos creen que los primeros inventos culturales debían de ser un contenedor para productos recolectados, y alguna forma de cabestrillo o red cuenta Úrsula que Elizabeth Fisher dice en Women’s Creation Se llama la Teoría de la Bolsa de Transporte de la evolución humana.

Hace poco me enteré que el 1% más rico de Uruguay concentra el 22% del ingreso y el 37% de la riqueza. Y que son apenas 11.000 personas. Bastante menos que el número de personas en situación de calle actual, pensé. Si cada uno de ellos pusiera una mínima parte para sostener un par de vidas humanas, podríamos dejar de tener personas sobreviviendo y muriendo en nuestras calles, podríamos dar buenos tratamientos y realizar investigaciones para tratar la compleja adicción a la pasta base, podríamos prevenir situaciones mejorando los apoyos de egreso del INAU, la situación inhumana de nuestras cárceles, mejorar la salud, el trabajo, la vivienda. ¡Tantas cosas necesarias! Pero no, no parece tan siquiera posible discutir la desigualdad aunque esta nos estalle día a día en las vidas y las pantallas. El modo de ser humanidad está en una crisis autodestructiva, al menos esa con mayúscula, de masculina, de occidental, de blanca y rica. 

Para ver las estrellas y la luna hace falta despegarnos de la alienación un rato. Estar un poco a la deriva, respirar sin tanto miedo, sentirnos parte de algo más grande, aunque sea por un rato.

Esta generación de estudiantes me encanta, preguntan, discuten, cuestionan. Me alegra saber que están despiertos e informados. Ojalá estemos a tiempo de pensar de nuevo algunas cosas, como por ejemplo, el derecho a la existencia plena de cualquier vida. Porque simplemente, como dice Úrsula el relato todavía no ha terminado. Todavía quedan semillas por recolectar, y todavía queda espacio en la bolsa de estrellas.