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Evitemos no luchar. Economía política del hambre en Argentina

13 septiembre, 2019

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Zur

Evitemos no luchar. Economía política del hambre en Argentina


La profundización de la crisis política del gobierno de Cambiemos comienza a expresarse en las calles. Una miríada de movimientos populares retoman la iniciativa poniendo en el centro del debate el hambre. ¿En las calles o en las urnas? La discusión abierta y el gobierno porvenir.


“Yo en patas y hambreado
soy la violencia
y ellos armados hablan de paz…”
Olor a goma quemada, de Rafael Amor

 

Más de 50% de les niñes y jóvenes en Argentina están por debajo de la línea de pobreza. Millones sufren hambre y malnutrición. El capitalismo dependiente y en crisis muestra su cara más odiosa. Desde 2002 se encuentra vigente un ley de Emergencia Alimentaria (prorrogada periódicamente) pero el problema no es ese: el capital en Argentina opera bajo condiciones de superexplotación ampliada de la fuerza de trabajo y esto significa que necesita trabajadoras y trabajadores pobres en las fábricas, en las casas y en las comunidades. La miseria planificada de la que nos hablaba Walsh en su Carta abierta a la Junta (Dictadura) Militar en 1977, ahora no es más que un Estado Permanente que se intensifica con la crisis.

A las calles

Los movimientos populares retoman las calles masivamente para exigir paliativos, contención social. Piden lo básico: más y mejores alimentos en los comedores comunitarios y escolares, mayores asignaciones y programas de empleo. El gasto adicional exigido al Estado son sólo unos miles de millones de pesos. Pero eso es mucho, parece: tan sólo un día de lo que reciben periódicamente los bancos por las inversiones en títulos del Banco Central (LELIQ) o lo que reciben las petroleras para destruir los territorios Mapuches y “desarrollar” el yacimiento de Vaca Muerta. El déficit cero y la emisión cero tiene sesgo de clase. El gran capital (productivo, financiero, no importa) puede recibir subsidios multimillonarios mientras el pueblo hambreado no tienen derechos.

El periodismo canalla, el periodismo empresarial, dice que los movimientos usan de escudo a mujeres y niñes. Cuánta ignorancia! Cuánta ceguera de clase! Desde su inicios en los años noventa, las organizaciones piqueteras han sido de manera predominante integradas y lideradas por las compañeras que día a día garantizan la reproducción social de sus hogares y comunidades en el territorio. Sostienen los comedores y merenderos, las cooperativas y las tareas de cuidado de niñes, enfermxs y ancianes, las asambleas y las actividades comunitarias en su conjunto. Es su derecho y su decisión poner el cuerpo -nuevamente- para exigir el fin de aquello que este sistema de muerte ofrece: el hambre y la exclusión.

¿La paciencia dignifica?

La crisis transicional se acelera y profundiza, y las fuerzas políticas en el espacio de los partidos del orden se van preparando para la transición política en ciernes. El gobierno de Cambiemos ha tirado la toalla y se conforma con no irse antes del 10 de Diciembre. Sus únicos reflejos son mantener la militarización de las calles frente a la creciente protesta social; supone que eso consolida su base social más dura. El resto de sus votantes caen en la decepción o preferirán opciones más consistentes (por derecha, lógicamente).

El Frente de Todos (FdT), por su parte, comienza a gobernar anticipadamente. Consciente de los límites políticos del ajuste permanente, el candidato presidente Fernández (AF) empieza a urdir el “acuerdo social”, marcando la cancha hacia afuera y hacia adentro. Una foto y una frase delinean el programa.

La foto: AF al centro, a su derecha Verónica Magario (intendenta de La Matanza -municipio más poblado del país-, candidata a vicegobernadora de la provincia de Buenos Aires, aliada de las iglesias evangélicas) y Miguel Acevedo (titular de la Unión Industrial Argentina -UIA-, agroexportador, dueño de Aceitera General Deheza), a su izquierda, Héctor Daer (titular de la Confederación General del Trabajo -CGT-, burócrata de la primera hora), Juan Luis Manzur (gobernador de la provincia de Tucumán, antiderechos) y Sergio Massa (candidato de diputado nacional, un advenedizo). El acuerdo social buscará controlar el descalabro macroeconómico actual congelando la distribución del ingreso por al menos seis meses (como señaló hace un tiempo, Emmanuel Álvarez Agis, ex vice ministro de economía de CFK en su segunda presidencia).

La frase: “Evitemos estar en las calles y las situaciones que puedan llamar a la violencia””. Un reversionado 2.0 del famoso “De la casa al trabajo y del trabajo a la casa” del entonces Coronel Perón en 1943. Preocupado por el fantasma del 2001, AF pide calma y reclama paciencia. El Pueblo en las calles, no encuadrado en las estructuras orgánicas de los aparatos, se aparece como disruptivo, indómito, sospechoso.

¿Quiénes llamarían a la violencia? ¿Miles de personas en las calles reclamando por sus derechos? ¿O son los fondos de inversión que de un viernes a un lunes fuerzan la desvalorización de la moneda y violentan el valor de nuestra comida? ¿La violencia es de quienes piden pan acampando en una avenida, o de quienes sin pudor, tomando un vaso de gaseosa, piden calma, o que “si pasan hambre, tienen los comedores”, como dijo la Ministra Bullrich?

¿Emergencia alimentaria o miseria planificada?

La crisis transicional en Argentina se está llevando puesta a una generación. ¿Cuál es el costo social, político, económico, de millones de niñes hambrientos?

La economía política del hambre explica cómo la crisis aumenta la violencia sobre quienes trabajan de manera remunerada y son sujetxs a la extorsión de la amenaza del despido. Las mujeres en los barrios populares son forzadas a multiplicar sus esfuerzos cotidianos frente a una crisis que requiere hacer más con menos, recibir a quiénes son expulsadxs del mercado laboral, reforzar el trabajo comunitario para ampliar la oferta de cuidados. Para colmo de males, la acumulación de deudas personales en el circuito informal/ilegal aumenta la carga sobre las familias frente a una crisis que no sólo desintegra el empleo sino acentúan la presión de las finanzas sobre los magros ingresos populares.

En ese marco, la Emergencia Alimentaria es un necesario pero insuficiente paliativo: 150 millones de dólares por tres meses, es decir menos de lo que se pierde diariamente en reservas del Banco Central desde Agosto de 2019; las petroleras en Vaca Muerta recibirán subsidios por 700 millones de dólares para saquear el territorio ancestral Mapuche. Las políticas sociales siguen operando en el margen de la crisis sin frenar ni revertir el deterioro acumulado y contínuo. El problema que enfrentamos como Pueblo no se resuelve sólo con transferencias monetarias. Sin tierra para producir y jornadas de trabajo (remunerado y no remunerado) extenuantes, con escuelas y hospitales con infraestructura destruida, sin insumos y con personal con salarios en caída libre, sin políticas integrales de cuidados, con servicios de transporte público caros y malos, y sin desendeudar a las familias, 3 dólares más por mes por cada una de las personas bajo la línea de la pobreza poco pueden hacer.

La miseria planificada es una política de muerte. Pedir paciencia frente a eso es, al menos, de una gran insensibilidad.

 

* Agradezco los comentarios de Melina Deledicque a una versión preliminar. El texto fue concluido el 12 de Septiembre de 2019.