Uruguay

La vida en el centro

27 mayo, 2021

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Daniela Beracochea

La vida en el centro

El viernes 28 de mayo se presenta el libro «La vida en el centro. Feminismo, reproducción y tramas comunitarias» editado por Minervas y la Escuela de Formación Feminista. La compilación integra aportes de Silvia Federici, George Caffentzis, Raquel Gutiérrez, Cristina Vega, Mina Lorena Navarro, Amaia Pérez Orozco, Ana Lilia Salazar y Silvia Gil.  A continuación compartimos el prólogo escrito por Mariana Menéndez. Al final encuentran los datos de la actividad y el link para la inscripción.


Palabras-alma para una lengua política propia

Los últimos cinco años de rebelión feminista han sido una fuente increíble de energía. Hemos reinventado prácticas políticas tremendamente creativas y un sin fin de conocimientos y aportes teóricos elaborados colectivamente y nutridos de las luchas pasadas. Los feminismos contemporáneos, las luchas de las mujeres, las disidencias sexuales, las luchas anti-racistas  y las tramas comunitarias – heredadas y/o reinventadas, indígenas y/o urbano populares-, entre otrxs, y las yuxtaposiciones y cruces de estas experiencias vienen protagonizando un tiempo de insubordinación. Estas luchas heterogéneas y con rasgos en común logran denunciar e impugnar las violencias, la precarización de la vida y el despojo. Pero además de impugnar, es decir plantar un ¡no! y moverse contra, hay una dimensión más acá y más allá de las dominaciones múltiples y amalgamadas -patriarcales, capitalistas y coloniales[1]-. Estas prácticas colectivas gestadas “más acá” y con capacidad de oponerse y producir más allá[2] sostienen espacios-tiempos donde se crean y recrean relaciones sociales centradas en la producción de lo común[3], tramas comunitarias populares que sostienen la vida y la lucha.

Para nosotras, desde la experiencia feminista en Minervas, ha sido tremendamente fértil disponernos a escuchar y conversar con estas luchas y trayectorias diversas que en lo común y en las diferencias han nutrido nuestro caminar y nuestros deseos. Nos han regalado palabras y memorias para construir nuestra voz, como proceso siempre abierto, de sentir y pensar lo que hacemos. Nos han ayudado con dos problemas centrales e interrelacionados, la producción de olvido[4], o dicho de otro modo, el desgarro de las tramas de la memoria colectiva, y la dificultad de crear una lengua política propia capaz de dar cuenta de nuestras experiencias y deseos. Respecto a la memoria, ha sido un gran esfuerzo entrar en diálogo con las luchas feministas y/o de mujeres, porque en la historia dominante de las luchas de nuestro país se había producido un gran borramiento de las experiencias feministas, y las luchas de las mujeres en general, tanto de sus prácticas como de sus pensamientos políticos.

A su vez, la invisibilización y desprecio por todas aquellas prácticas que brotaban y brotan del mundo reproductivo -que hoy entendemos que sostienen la vida y la lucha- nos dificultaba crear y recrear palabras que nombren y den valor a gran parte de nuestras preocupaciones y experiencias. El desplazamiento de poner en el centro lo reproductivo, al margen durante mucho tiempo en los debates sobre la transformación social en nombre de la centralidad de lo productivo, tiene sus antecedentes en las luchas de la década del 70′, en las elaboraciones sobre trabajo doméstico en distintas geografías. También se nutre de las experiencias y elaboraciones de las tramas indígenas-comunitarias en América Latina[5]. La paulatina profundización y complejización de estas lecturas, mezcladas y heterodoxas, ha dado lugar a un prolífico debate en el campo de los feminismos y la producción de lo común. En palabras de Raquel Gutierrez entendemos que la producción de lo común “se realiza siempre como actividad de una trama de interdependencia, implica antes que otra cosa, el cultivo, revitalización, regeneración y reconstrucción de aquello necesario para garantizar la vida colectiva, contra y más allá de las separaciones y negaciones que impone la lógica de despojo y explotación patriarcal del capital, reforzado por el Estado liberal y sus formas políticas”[6].

En particular, nos interesa profundizar en las implicaciones políticas a la hora de pensar la transformación social si nos tomamos en serio colocar la vida en el centro. Desde esta clave podemos repensar varias dimensiones de la lucha y abrir una serie de interrogantes fundamentales. Por ejemplo, preguntarnos sobre las formas políticas de las que nos dotamos para auto-organizarnos y su anclaje o distancia respecto a la vida cotidiana; cómo repensar los ritmos de nuestro hacer; cómo recrear palabras inspiradas en lo vital y capaces de organizar la huida del lenguaje político plagado de metáforas bélicas[7]; y por último, cómo librarnos de repetir en nuestro trabajo político la invisibilización del trabajo reproductivo en el entendido de que la reproducción de la vida y su puesta en común es parte sustancial de defender nuestras vidas y, a la vez, fuente de fuerza para potenciar nuestra capacidad de luchar. Silvia Federici sostiene que “no podremos construir una sociedad alternativa y un movimiento fuerte capaz de reproducirse a no ser que redefinamos nuestra reproducción en términos más cooperativos y pongamos punto y final a la separación entre lo personal y lo político, entre el activismo político y la reproducción de nuestra vida cotidiana”[8]. Pensamos que la experiencia feminista de estos años resuena y se hila con ese modo de entender lo político y la lucha.

A modo de ejemplo, si observamos los modos de impugnación a la violencia que se desata sobre nuestros cuerpos y nuestros territorios, se encarna y se amplifica la consigna “lo personal es político” cuestionando la división público-privado. Además, es importante subrayar que pudimos ir comprendiendo y señalando  las conexiones entre las violencias y su ligazón con la crisis reproductiva y la explotación[9], sobre todo a partir de la herramienta de la huelga del 8M. En este sentido, también nos ha sido útil entender la precarización en y más allá del mundo asalariado para comprenderla como un problema que atraviesa toda nuestra vida cotidiana. Incluso pensarla en relación a la vulnerabilidad como rasgo de la vida y a la precarización como imposición[10], no sólo material sino también simbólica y afectiva.

Por otro lado, la producción de lo común y el convocarnos a poner la vida en el centro, nos permite pensar más allá del binomio mercado capitalista – estado, ya que venimos de una tradición de luchas donde las experiencias no estado-céntricas[11] fueron relegadas e invisibilizadas. Y este debate ha sido y es un campo de tensiones y conflictos en el despliegue de la lucha feminista en particular. Desde nuestra mirada entendemos que gran parte del imaginario político ha quedado reducido a oponer a la mercantilización y arremetida neoliberal la defensa público – estatal. Sin embargo, nosotras y muchxs otrxs, nos estamos preguntando cómo ir más allá de la demanda al estado, o de las narrativas que en nuestro país centran y reducen lo político a una agenda de derechos por “sectores” concibiendo el estado como el protector de lxs débiles[12]. ¿Como caminar la tensión entre exigir ciertas cuestiones que nos permitan reapropiarnos de riqueza y medios de existencia[13], que ponga límites al estado en el control de nuestros cuerpos y nuestras vidas a la vez que creamos nuestras propias tramas? El cruce entre los debates feministas y la producción de lo común nos dan muchas pistas para profundizar esta mirada.

Por otra parte, los debates sobre lo común, a la vez que nos ayudan a pensar más allá del binarismo mercado- estado, nos permite valorizar nuestras creaciones y nuestro trabajo.  Para nosotras la política feminista es una política que pone en el centro la vida y su sostenimiento y para ello es necesario revalorizar las tramas ya existentes y recrearlas allí donde han sido profundamente dañadas. Allí donde nos siguen vendiendo la idea de individuo como máxima aspiración, y como fantasía de independencia y omnipotencia, nosotras contestamos creando tramas, afirmando que todxs precisamos ser cuidadxs y cuidar, diciendo que la vida solo es posible y vivible junto a otrxs, y que elegimos habitar la tensión de una autonomía -interdependiente[14]. Como ya dijimos no se trata sólo de oponerse sino de crear ahora las relaciones sociales que deseamos y que nos permiten sostenernos para tener más fuerza en las luchas. No es una opción por lo concreto y lo cotidiano que se desentiende de cómo afectar lo general, sino que potencia lo concreto y lo cotidiano como terreno de creación y lucha, y desde allí y desde esa fuerza recreada afecta e impugna otras dimensiones. En nuestra experiencia de lucha contra la violencia patriarcal este ejercicio se nos hizo muy evidente, fueron y son tan importantes los pequeños encuentros de autoconciencia donde ponemos en común nuestras experiencias y generamos redes de acompañamiento como las grandes manifestaciones masivas en las calles. Es imposible para nosotras entender lo que hemos hecho sin entender estas dos dimensiones de la lucha.

La recreación de tramas comunitarias, en nuestro caso urbano populares, es una apuesta por crear aquí y ahora vínculos que nos sostengan cotidianamente en lo material y en lo afectivo. Tramas donde producimos común, en medio de la precariedad y la violencia, tramar como modo de vivir y como modo de autodefensa feminista. Sobre todo ahora que las respuestas reaccionarias pretenden ganar terreno y nos atacan desde el estado, las iglesias, los empresarios y todo tipo de señores misóginos que quieren mantener y aumentar sus riquezas y su poder a costa de la vida de todxs y a costa de la vida del planeta.

“Nadie le suelta la mano a nadie” circuló como consigna y nos hizo sentido, necesitamos tramarnos más y más, pero no en una unidad homogénea donde siempre mandan los mismos. Por eso, pensar en clave de lo común también nos habilita a repensar qué tipo de alianzas y vínculos queremos construir. Y aquí también elegimos habitar tensiones, porque para nosotras la producción de lo común implica no desentenderse de las diferencias. Es decir, las diferencias entre nosotras y con otrxs se jerarquizan en el orden dominante, estableciendo siempre relaciones dominante-dominadx. La política feminista es para nosotras una sustancia corrosiva de dichas jerarquías, por eso la entendemos como antipatriarcal, pero también necesariamente anticapitalista y anticolonial. Por eso apostamos por tramarnos allí donde se supone que deberíamos estar separadas y jerarquizadas. Hemos aprendido por experiencia vivida y por enseñanzas de otras luchas que las diferencias no son el problema sino su jerarquización. Y que no se trata de borrar o trabajar a pesar de las diferencias,  sino ensayar la fricción creativa de las diferencias o la experimentación de habitar la casa de las diferencias[15].

Atravesamos una crisis multidimensional y cada vez más profunda y extendida, donde está en juego la posibilidad misma de la vida; y que a la vez la entendemos como oportunidad para transformar y transformarnos. Las pistas, nociones y palabras que compartimos en este libro buscan ayudar a conjurar la violencia y el miedo que quieren imponernos. Buscan disolver las palabras mágicas[16], de las que nos habla Silvia Rivera Cusicanqui, palabras que en lugar de nombrar encubren – como desarrollo, igualdad de oportunidades, nación, entre muchas otras-. En medio de una crisis de las palabras, de una crisis epistémica[17] donde el modo de conocer tan “pulcro” y “racional” se cae a pedazos, buscamos otros modos de conocer y otras palabras. Palabras-alma en la voz de Suely Rolnik, quien retoma de la lengua guaraní el significado literal de garganta (ahy’o) que podría ser traducido como nido de las palabras-alma, y agrega: “ellos saben que los embriones de palabras emergen de la fecundación del aire del tiempo en nuestros cuerpos en su condición de vivientes y que, en este caso, y sólo en él, las palabras tienen alma (…) Que las palabras tengan alma y que el alma encuentre sus palabras es tan fundamental para ellos que consideran que la enfermedad, sea orgánica o mental, viene cuando estas se separan”[18].

Para poner otra semillita en estas apuestas hemos compilado esta constelación de textos de compañeras muy queridas, a quienes les agradecemos profundamente ponerlos a nuestra disposición. Se trata de textos que abordan de distintos modos varios problemas y desafíos. Los pensamos a modo de caja de herramientas para potenciar nuestras luchas. Que las palabras-alma nos ayuden y convoquen a pensar la crisis desde nosotrxs mismxs, nuestros cuerpos y nuestra vida cotidiana.

 

Montevideo, noviembre de 2020

 


[1]La idea de amalgama de dominación la trabajaron Gutiérrez Aguilar, Raquel; Sosa, Maria Noel; Reyes, Itandehui (2018), en “El entre mujeres como negación de las formas de interdependencia impuestas por el patriarcado capitalista y colonial. Reflexiones en torno a la violencia y la mediación patriarcal”, Revista Heterotopías, Año 1, N° 1, pp. 53-67.

[2]El debate respecto a más allá, contra y más allá se puede profundizar en Gutiérrez Aguilar, Raquel, Horizontes comunitarios-populares. Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas. Traficantes de sueños, 2017.

[3]Ver El Apantle, Revista de Estudios Comunitarios n°1, 2 y 3. También la producción de Raquel Gutiérrez Aguilar.

[4]Ver Menéndez, Mariana & Sosa, María Noel, 2018, “Evocar el 68 desde las mujeres en lucha: memoria viva en tiempos de rebelión”, En “Revisitar el 68 50 años después”. La Paz: Fundación Rosa Luxemburg & UMSA.

[5]Se puede profundizar en estas ideas a través del trabajo de Gladys Tzul Tzul. Por ejemplo, “Escucharnos decir. O de cómo hablamos de lo que nos interesa y nos importa”. Revista Escucharnos decir. Feminismos populares en América Latina, 2015.

[6]Ver “Producir lo común: entramados comunitarios y formas de lo político” publicado por primera vez en Comunalidad, tramas comunitarias y producción de lo común. Debates contemporáneos desde América Latina, Raquel Gutiérrez Aguilar (Coord.) Oaxaca, México: Colectivo Editorial Pez en el Árbol, Editorial Casa de las Preguntas, 2018.

[7]Ver Castro, Diego (2019) Autodeterminación y composición política en Uruguay. Una mirada a contrapelo de dos luchas pasadas que produjeron mandatos. Tesis doctoral en Sociología. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla.

[8]Federici, Silvia (2019: 110) La revolución feminista inacabada. Mujeres, reproducción social y luchas por lo común. Montevideo: Minervas Ediciones.

[9]Ver Vega Solis, Cristina “Rutas de la reproducción y el cuidado por América Latina. Apropiación, valorización colectiva y política”.

[10]Para profundizar este debate se puede consultar:  Butler, Judith (2010) Marcos de guerra. Las vidas lloradas. Madrid: Espasa Libros; Peréz, Orozco (2014) Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Madrid: Traficantes de sueños; Lorey, Isabell (2016) Estado de inseguridad. Gobernar la precariedad. Madrid: Traficantes de sueños.

[11]Ver Gutiérrez Aguilar, Raquel, Horizontes comunitarios-populares. Producción de lo común más allá de las políticas estado-céntricas.Traficantes de sueños, 2017.

[12]En este sentido, Wendy Brown en Estados de agravio. Poder y libertad en la modernidad tardía  (2019), desarrolla una crítica contundente  a las políticas de identidad en EEUU y las implicaciones de pedir protección institucionalizada desplazando el problema del poder y las prácticas de libertad.

[13]De Angelis, Massimo (2012) “Marx y la acumulación primitiva: el carácter continuo de los cercamientos capitalistas”,Theomai, Nº. 26, 2012.

[14]Ver Hernando, Almudena ( 2017) La fantasía de la individualidad. Sobre la construcción sociohistórica del sujeto moderno. Madrid: Traficantes de sueños; Pérez Orozco, Amaia (2014) Subversión feminista de la economía. Aportes para un debate sobre el conflicto capital-vida. Madrid: Traficantes de sueños.

[15]Ver Rivera Cusicansqui, Silvia (2018) Un mundo ch´ixi es posible. Ensayos desde un presente en crisis. Buenos Aires:Tinta limón; Lorde, Audre (1988) “Las herramientas del amo nunca desarmarán la casa del amo”. En: Moraga, Cherrie y Castillo, Ana (Eds) Esta puente mi espalda. Voces de mujeres tercermundistas en Estados Unidos. San Francisco: Ism Press. pp. 89-93.

[16]Ídem

[17]Ídem

[18]Rolnik, Suely (2019) Esferas de la insurrección. Apuntes para descolonizar el inconsciente. Buenos Aires: Tinta Limón.

Inscripción aquí