Uruguay

Alimentarnos para la vida

20 noviembre, 2023

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Cooperativa Subte

Alimentarnos para la vida

Alimentarnos, comer, es mucho más que un acto para para sobrevivir. Es un entramado de relaciones, de culturas, de historias, de saberes, de formas de gustar, de compartir en comunidad. Al mismo tiempo, la invasión creciente de las corporaciones en cada uno de los elementos que integran los sistemas alimentarios – desde las semillas a los supermercados, a las formas de acceder y consumir los alimentos- ha convertido este acto vital en un campo de disputa y de sujeción a sus ambiciones de lucro, a costa de la salud de las personas, el ambiente, los animales. A partir de la década del 2000, es también uno de los mercados más grandes del mundo en tamaño.


El documento “Alimento como trama de vida – Configuraciones socioeconómicas en el Uruguay contemporáneo” da cuenta de esa disputa, en un pedacito de la historia reciente en ese país, sobre todo durante la pandemia de Covid 19 , a partir de un trabajo colectivo de investigación, que incorpora miradas y respuestas creativas de organizaciones barriales, sociales y de productores y productoras familiares. Es un estudio interdisciplinario y plural, coordinado por Anabel Rieiro, en colaboración con investigadores e investigadoras de la Universidad de la República (Udelar).

Aportan una valiosa combinación de datos estadísticos e informes con entrevistas a integrantes de ollas populares en un barrio de Montevideo y de una experiencia de mercado de productos agrícolas en una zona rural.

Anabel Rieiro, con parte del mismo colectivo, ya habían documentado anteriormente la emergencia de ollas populares en Uruguay, que se formaron o fortalecieron como respuesta a la pandemia de Covid 19. “Cerca de 700 experiencias de ollas populares y merenderos emergieron y fueron registradas en 2020. Las experiencias nacieron de tramas comunitarias y afectivas (muchas veces pre-existentes) en los más variados territorios. Atravesando medidas de aislamiento preventivo, personas, organizaciones sociales, políticas, culturales, deportivas, sindicales, vecinos/as, amigos/ as, encontraron la forma de autoorganizarse para proveer alimentos, gestionar su preparación, así como su distribución, garantizando “el pan” para ellos/as mismos/as y/u otros/as que estuvieran pasando dificultades alimenticias. Se sirvieron aproximadamente 8 millones de platos entre marzo y julio de 2020 gracias a la participación de más de 6100 personas (57% mujeres)” (Rieiro et al 2021)

Tal como ha sucedido en otros países, las respuestas a la pandemia desde abajo fueron fundamentales para apoyarse y superar la falta de alimentos, pero lejos de ser solamente una fuente de alimento, también fueron espacios de organización, de encuentros, apoyo material y emocional, de imaginarse realidades diferentes. También la pandemia puso de manifiesto la falta o parcialidad de las políticas públicas, que solo ven el tema de los alimentos como dar comida a los pobres, sin pensar en la calidad nutricional u otras, afirmando así también un modelo de producción industrial y contaminante. Como expresan en el documento ahora publicado, la pandemia fue como un “curso intensivo de identificar conexiones”.

En el informe, destacan entre otros aspectos, que los alimentos ultraprocesados representan el 25,8 % de las calorías consumidas por la población en 2022, y al mismo tiempo, 16.5 por ciento de la población está en inseguridad alimentaria por escasez.

Igualmente, la paradójica situación de que aunque Uruguay es un productor de alimentos, gran parte de la producción se exporta y en contrapartida, se importa en productos procesados. Por ejemplo, en el caso de la pesca, se exporta el 65 %, pero el 65% del consumo se importa, por ejemplo en productos enlatados.

Al igual que a nivel global, la concentración corporativa en el sector agroalimentario es fuerte, desde las semillas comerciales a los insumos siguen la tendencia global, en la que muy pocas empresas dominan la mayoría del mercado. En el caso de las mayores commodities de Uruguay, como el arroz, el 74% está en manos de 4 empresas extranjeras, en el caso de los cítricos, 51% en manos de tres empresas, también en frigoríficos, entre 5 empresas controlan 70%. En un país que tuvo que tomar agua salada por falta de agua potable, la huella hídrica de 4 industrias de exportación como soya, ganadería, plantaciones forestales y arroz consume 61 veces más agua que el agua potabilizada para consumo humano.

Señalan que el modelo agroexportador favorece la agricultura transgénica, y con ella ha aumentado notablemente la contaminación ambiental y en alimentos de los agrotóxicos.

Pese a ello, les fue difícil y a veces imposibles conseguir información detallada sobre la presencia de agrotóxicos en alimentos, porque los datos de residuos en alimentos son inexistentes o están ocultos, pese a solicitarlos por varias vías, incluso como pedidos de libertad de información.

En los productos sobre los que obtuvieron datos, en todos los casos hay algún porcentaje en el que se traspasan los niveles legales permitidos de agrotóxicos y metales pesados, pese a que los niveles permitidos ya son más laxos que en otros países, como Argentina. Constataron también la presencia de arsénico en agua potable y refrescos. La falta de información y de acceso a la información, dificulta a la población entender los efectos de los agrotóxicos. Los impactos de estos residuos no declarados son tomados como casos individuales para las personas que sufren enfermedades, en lugar de verlos como un problema sistémico del modelo industrial y agrotóxico.

Los múltiples impactos en salud, ambiente, economía, derecho a la alimentación que se muestran en el estudio son un fuerte cuestionamiento al modelo agroalimentario industrial y agrotóxico, controlado por corporaciones. Pero tanto los gobiernos progresistas como el actual en Uruguay, defienden un modelo similar de producción agropecuaria industrial y agroexportación, que sustenta esas tendencias.

También entre la población, el desconocimiento de la relación entre ese modelo y sus impactos en la salud y el ambiente, hace que no necesariamente se comprenda la necesidad de la producción local, descentralizada y más sana, sin agrotóxicos, agroecológica, diversa.

No obstante, el estudio recupera y pone de relieve las persistencia y emergencia de importantes experiencias solidarias, de auto-organización y de recuperación de formas de mejor alimentación, y también de producción y consumo más sano y agroecológico. Que no son solamente formas de alimentación, sino también de pensar y organizarse para presentes y futuros diferente, muchas veces invisibilizados. Concluyen así con una invitación a leer el trabajo:

“ Uruguay conserva una gran vitalidad popular, una capacidad sensible que logra interrumpir el curso silencioso de lo naturalizado para ampliar el campo de lo posible. Quisiéramos pensar a partir de esta realidad, un horizonte post pandemia en el que fueran posibles procesos de politización de lo que comemos y cómo comemos desde el apoyo mutuo y un nuevo modo de hacer política. Una invitación a un despertar sensible, a una tonalidad afectiva, que nos permita, por un lado, trascender las respuestas que deshumanizan tanto a quienes van dirigidas, como a quienes las llevan adelante y por otro lado, construir otras formas de hacer comunidad con lo vivo. La defensa y construcción del derecho a la alimentación va encontrando distintos escenarios, narrativas y prácticas, transformándose en algunos contextos en el reclamo no sólo del acceso al alimento, sino a la gestión de los recursos para producirlo. Lo que se pone en discusión son las propias relaciones sociales y los vínculos que tenemos con la naturaleza, que requieren ser pensadas desde transiciones alimentarias integrales, posibles y deseables.”

Por la información que es necesaria y relevante, por la reflexión, por estar en el corazón de un tema vital para todas y todos, entramado con el entorno, la sociedad, las posibilidades de cambio, agradezco al colectivo de autores y recomiendo conocer este documento.

Alimento como trama de vida -Configuraciones socioeconómicas en el Uruguay contemporáneo” Anabel Rieiro (Coord.), Adriana Cauci, Camilo Zino, Daniel Pena, Diego Castro, Fernanda Risso, Florencia Muniz y Leticia Pérez.

Facultad de Ciencias Sociales, Escuela de Nutrición y Servicio Central de Extensión y Actividades en el Medio (SCEAM). Universidad de la República, Udelar, Uruguay.


Publicado originalmente en desinformemonos.info