Uruguay

Fuera de juego

23 julio, 2026

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Paty Pujol

Fuera de juego

Una periodista reconoce el borde de lo aceptable e intenta llamar la atención sobre eso, pone un límite y ese gesto conecta con las preguntas sobre cuántas estrategias han sido y tendrán que ser reactivadas para neutralizar comentarios, violencias, acciones concretas en el camino de las mujeres en el periodismo. 


La regla del offside divide aguas. Es simple en la interpretación pero compleja de demostrar. Hoy, el fútbol hipertelevisado y transmitido a mil pantallas se juega con pelotas que tienen sensores que envían señales a distancia para convertirse en información digital.

Hace más de 15 años, en un evento en vivo, escuché a un reconocido periodista contar que, en su programa de radio deportivo, antes de decidir si darle trabajo o no, le preguntó a una mujer periodista por la regla del fuera de juego en el fútbol.

Estábamos sentados en la tribuna con Kike, un compañero de programa deportivo de ese momento que se emitía en Radio Uruguay. La mayoría del auditorio se rió. Personas de la escena cultural, académica, periodística, público general. Me dolió el comentario. Seguro ningún colega varón era consultado en esos términos. Desde hace tiempo se transmite como una máxima que la regla del fuera de juego es utilizada para tantear saberes y cortar bacalaos. Y el desconocimiento -¡Oh casualidad!-, estaba del lado de las mujeres que se arrimaban a querer trabajar, curiosear, en el ambiente del fútbol. En un texto de Gabriela Binello, Mariana Conde, Analía Martínez y María Graciela Rodríguez (2000) donde trabajan la demarcación del género en el fútbol, las autoras explican que la mayor escisión entre varones y mujeres en el terreno futbolístico se expresa en las dimensiones del “saber” y la “pasión”, donde las mujeres, según el histórico imaginario, son negadas por no poseer un conocimiento técnico y práctico del deporte. 

Hoy, muchos años después, existen programas deportivos que entretienen más que informan, entendidos como tribunas abiertas en las cuales los micrófonos quedan encendidos para canalizar cualquier inquietud y comentario sin miramientos. Las personas que trabajamos alguna vez en medios masivos de comunicación sabemos que existe la producción de programas, las direcciones periodísticas, las líneas editoriales, empresarios que gerencian medios y auspiciantes que reclaman su parte de la torta de beneficios. En ese ecosistema, hay invitados que se repiten, voces más amplificadas que otras.

Muchos de estos espacios tienden a la polémica. Y la polémica en fútbol es una catarata de misoginia, sexualización, violencia verbal, racismo, y no pocas veces expresiones muy poco democráticas.

Cuando aparece públicamente expuesto el límite como sucedió en un programa de streaming “Lleno de mística”, una periodista reconoce el borde de lo aceptable e intenta llamar la atención sobre eso cuando el resto del equipo parece notarlo sin manifestar la relevancia. Sonrisas porque lo conocen a él, que hace chistes subidos de tono, porque representa lo “viejo del fútbol”, lo de la garra, vestuario y todos esos imaginarios rancios del fútbol uruguayo que destilan machismo. Todos y todas conocimos a alguien que se expresa de ese modo, en un asado, en un lugar de trabajo, en una fiesta familiar. Lo que opera es dejarla pasar. Esta vez, en vivo, la periodista Sofía Romano lo hizo explícito y eso provoca múltiples reacciones con comunicados, apoyos públicos, vídeos con disculpas.¿Cómo no apoyar el corte de lo obsceno, la violencia explícita? Un episodio que marca el límite de lo aceptable y gracioso. Tal como nos hace pensar Sara Ahmed (2024) con su concepto de aguafiestas para describir a aquella figura que expone las desigualdades y se niega a ser cómplice. 

Lo que sabemos es que el periodismo deportivo es una arena fértil para estos comentarios burlones, sexistas, misóginos y lo es porque se estructura sobre prácticas que legitiman ese cimiento desde hace demasiado tiempo. 

Bienvenida ésta y todas las paradas de carro que tantas veces han sido necesarias desplegar. Vale la pena tener presente que el gesto renueva preguntas sobre cuántas estrategias han sido y tendrán que ser reactivadas para neutralizar comentarios, violencias, acciones concretas en el camino de las mujeres en el periodismo. 

Entonces lo de Juan Ramón Carrasco no fue un exabrupto, un comentario sin deseo de dañar. Es la ampliación de un sistema que vulnera derechos de las mujeres en todos los ámbitos privados y públicos. La legitimación de la supremacía, “la picardía” de aplastar y atropellar a una, porque igual, ya es parte del decorado.[1] 

Es grave. No es un offside, un gesto dentro de un juego que tiene reglas. Es un fuera de juego absoluto en una parte de la población que ya no tolera lo obsceno de la violencia televisada. ¿Qué espectadores y espectadoras estamos dispuestos a ser? ¿Qué tipo de actitudes, formas y discursos se amplifican en los contenidos periodísticos? ¿Qué sistema de medios generamos y a qué costo?

Es, quizás, la oportunidad de comprender y diseñar nuevas configuraciones urgentes y junto a esto, otras formas de comunicación no sexistas ni discriminatorias, sino diversas y respetuosas. 

 

 

 

[1] Al mismo momento de este hecho que se narra en un programa deportivo, ocurrió otro episodio violento de parte de Antonio Maeso a Daniela Bouret, en vivo en “Buscadores”, un programa que se emite en el canal 5. El 22 de julio trascendió que Maeso renunció al programa.