Intemperie
Dicc. RAE. del Latin: desigualdad del tiempo temperatura/ expuesto a la atmósfera
Lo primero que impresiona: su aspecto, su forma.
Colores, dibujos, flechas, textos destacados, subrayados.
Este libro es, desde su presentación, un disloque, desarme, la rotura de cualquier textura uniforme, pareja (monolítica?).
-Quizás esa fue la prevención. Se irá viendo, en tanto hojeamos con curiosidad epistemológica1–
Pero aquí me conmueve una prevención propia, o quizás prejuicio; es que no me gusta que me señalen qué leer y qué resaltar, o qué dejar para después.
Cosas de veterana.
Quizás.
A/dentre/monos.
Es un libro lindo y contundente, se puede andar con él en la mochila todo el tiempo que sea necesario.
Quizás o precisamente para ello, el mismo es nombrado y concebido, por tanto, como un arte/facto.
Es decir, un objeto que articula el hacer con lo estético.
(Subrayo para pelear un poco, que todo libro es un arte/facto, lo que sucede a veces es la concepción de la relación estética-ética que se materializa en el mismo).
En este caso se pone intención en cuidar explícitamente esa relación.
-“Bueno, ¿y el contenido?”- , ya siento que me apuran para lo fundamental.
Y aclaro que solo voy a acercar resonancias; nunca afirmaciones.
Porque estas no cobijan, a veces solo esconden.
Novedosas algunas y desafiantes otras, este libro abre varias hendijas- o heridas- a una (mi)mirada, esa que intenta leer lo comunitario desde una concepción ético epistemológica de lo social, que incluye o hace converger la perspectiva de los géneros y sus diversos dispositivos de despliegue y performatividad, pero que, pese a ello, aún no de(s)vela/ba algunas de esas heridas que subrayo.
Tomo un ejemplo, del trabajo “Madres y Familiares, entre la organización y la intemperie”2; que es de mis primeras lecturas, no por el orden sino por mi interés personal; y de allí, el señalamiento de la composición de las organizaciones de madres, nuevamente, tomando y repitiendo los modelos de otras organizaciones anteriores, sosteniendo los vestigios de un rol; el de madre; que mantiene algunas “legitimidades” y dibuja -entonces- nuevas desapariciones que me susurran a mí, desde mi historia/que siempre es historia de lo colectivo/preguntas nuevas, que no termino de oír aún.
Esta idea del susurro /conozco a alguien que asume la identidad de susurro insistente, para no renunciar a decir y no apresurarse a afirmar/ que asumen las autoras del trabajo, es un aporte sobre todo y quizás más aún que los contenidos desde lo metodológico y desde lo ético.
Celebro esos hallazgos que son búsquedas también actitudinales (siempre hablo desde mi humilde punto de mirada).
Confieso que a medida que voy leyendo este-y otros -trabajos emergentes del ámbito académico, que buscan comprender, temo que vayamos (ambos, escritores y lectores) instalando y convalidando escenarios. Sé que no hay otro modo: es dialéctico, claro. Pero digo: “temo”, no que “reniego”.
Pero precisamente este artefacto habilita lo que Val Flores llama Modos fugitivos de hacer teoría o formas fugitivas de habitar la institucionalidad del saber.
Es lo que permite este libro, precisamente.
Acostumbro a subrayar y dibujar los libros, como ya dije, y en este se me adelantaron, develando los procesos creativos de estos autores de re/flexiones sobre sus prácticas colectivas y acompañantes. Y alojadas.
Reflexiones alojadas en tramos que son nombrados como escenarios que alojan los diferentes trabajos:
Casa (Hogar, cuna, carpa, galpón), Plaza (vereda, árbol, banco), Contenedor (Inodoro, celda sobre), Universidad (Mano, oreja, pluma) … y el Colchón?.
Formas diferentes de alojar y de incomodar, como se ve en los subtítulos ubicados en cada tramo
(Solo hay manos y orejas en la Universidad?)
Encuentro, también, mientras voy avanzando en el proceso de curioseaduría, la voz sutil y laboriosa del Editor, que va enlazando y refiriendo de un texto a otro, de unxs autores a otrxs de los presentes en el libro, apoyando la concepción de comunidad, entrelazamiento, producción colectiva. Y lectura atenta!
También este arte(hecho)facto me empuja a pensar: ¿cuáles son mis intemperies? ¿A qué clima o atmósfera estoy expuesta en forma desigual? Calor, no todas las intemperies son iguales, algunas son más llevaderas, pero…
¿qué adentro ilusorio debería desocultar para encontrarme con los otros y otras?
Transcurro por el trabajo “Árbol: Campamentos a la intemperie e instalación de lo cotidiano”, de S. Aguiar, E. Ibarzabal y C. Matonte, y no puedo ni quiero evitar la necesidad de llorar, aunque no sé si de ternura o de bronca, de tan claro que me resulta acercarme a sus tareas y vivencias de acompañantes y acompañados.
Ante todo esto, me recuesto, para cerrar estas primeras resonancias ante esta obra comprometida y necesaria, en el trabajo de Noelia Correa. En el mismo me reencuentro con algunos pensamientos que parece extraídos de mi cabeza, y con autoras que siempre están alojadas en mis mesas(en la mesita de luz, el escritorio, la cocina, etc.: G. Anzaldúa, Silvia Rodríguez Villamil, Rosario Castellanos, Ursula K. Le Guin,). Y parafraseo-con todo respeto y admiración- a Ursula Le Guin, para poder perder este mundo que nos pierde, quizás debamos encontrarnos y crear otros mundos posibles y convivientes, donde la intemperie sea un momento de solaz y no una condición de existencia.
Notas
1. Curiosidad epistemológica es una expresión tomada de Paulo Freire, en su obra Pedagogía de la Esperanza
2. Madres y Familiares, entre la organización y la intemperie, L. Isach, S. Lans, S. Mesa, N. Montealegre y M. Rossal, pag. 55 y 56
Intemperie
Sebastián Aguiar, Gabriel Gatti, María Martínez, Natalia Montealegre Alegría y Marcelo Rossal
Este poderoso volumen es una reflexión sobre el arte de narrar vidas vividas al margen, aquellas marcadas por la exclusión, el desamparo, el sufrimiento y la invisibilidad social. Con precisión lírica y audacia intelectual, en el libro se reflexiona sobre los límites de la escritura académica, ofreciendo una exploración que trasciende los géneros sobre cómo contamos historias que se resisten a ser contadas. Cada capítulo es una invitación: a escuchar más profundamente, a escribir de manera más ética y a reconocer los silencios que acechan nuestras disciplinas. Lleno de ideas y provocaciones, este trabajo no solo es una contribución a la imaginación socioantropológica, sino una llamada a reformularla.
Javier Auyero (Universidad de Texas, Austin, Ikerbasque research professor, EHU)
Es necesaria la filosofía de la intemperie que aquí se propone, buscar pensar esa situación extrema que nos condena a vivir, parir y morir fuera de lo social, en una normalización del exterminio, de la mala suerte. También es preciso proponer una filosofía del reparo, el reparo de la ausencia, de lo que se ha perdido o roto en ese transitar que no es natural ni normal. El reparo: un espacio donde cobijarse, donde sobrevivir como humanos, desde donde poder elaborar un convidar. Eso también nos han negado en la intemperie, tener para convidar, y así es como la convivencia social hace un puente, la reciprocidad; no solo recibir, tener para dar. Este libro tiene, también, mucho para dar.
Susana Fernández (Colectivo Ni todo está perdido)
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