Uruguay

Barullo #4: Asumir el riesgo de la libertad

16 septiembre, 2026

Escrito por:



Imagen:

Barullo #4: Asumir el riesgo de la libertad

Una articulación provincial e intersectorial que pone a la persona en el centro permite concretar eso que en Uruguay venimos militando hace tiempo. Asumir el riesgo de la libertad no es una apuesta individual, es la decisión ética que toman los equipos de salud mental cuando se preguntan cómo caminar hacia el horizonte de la desmanicomialización, cómo cuidar/convivir sin encerrar. “Asumir el riesgo de la libertad” es uno de los textos que pueden encontrar en el Barullo 4.


En agosto de 2025, emprendimos viaje hacia la ruta antimanicomial por el sur de Argentina, ruta que inventamos nosotres, claro.

El destino final del viaje fue Viedma, capital de la provincia de Río Negro y ciudad donde se firmó la primera ley desmanicomializante de Argentina, allá por los años 90. Esta ley, que abogaba por un abordaje comunitario en salud mental y prohibía los manicomios en la provincia, fue aprobada luego de que se cerrará el único hospital neuropsiquiátrico que había allí.

Día 1 – El frío, el fuego.

Nos encontramos a la mañana temprano en la Casa de Medio Camino (un centro diurno dependiente del Hospital General Zatti) con usuarios -algunos de ellos trabajadores de la empresa social que visitaríamos- y los operadores de salud mental que acompañan ese proceso. Todos ellos varones.

Viajan casi todos los días a la chacra La Unión, en las afueras de Viedma, donde, según el día, la temporada y el tiempo que llevan concurriendo, trabajan en apicultura, huerta, armado de iniciadores, germinado de girgolas, entre otros.

Ofrecen que hagamos el viaje junto a ellos en la camioneta del Ministerio de Salud. Me siento junto a uno de los usuarios aprovechando un asiento libre. Recién llegada a este nuevo destino, deseosa de conocer, aprovecho el viaje para conversar con mi compañero y preguntarle por el lugar al que iríamos.

Gabriel -llamémosle así- no tenía muy claro hace cuánto concurría a la chacra, la cuenta parecía confusa: entre unos meses y algunos años. Luego de indagar en qué nos llevaba por ahí y de relatarle parte del viaje que habíamos hecho, me cuenta que es oriundo de Bariloche y que ha tenido una vida con muchos vaivenes. Que el lugar donde vive ahora es alquilado en convenio con el Ministerio de Salud -o de Vivienda, no lo tiene claro tampoco- que además aporta para su alimentación ya que no tiene ingresos. Quise saber un poco más sobre cómo funciona esta política que parecía dar una respuesta articulada entre vivienda y salud, pero las respuestas eran un poco vagas. Me explica que, aunque le gusta el tiempo en la chacra, sufre mucho el frío que hace temprano por la mañana (y que a veces se mantiene durante toda la jornada). Bromeo con que siendo de Bariloche no puede quejarse: el frío que hace ahí no es comparable con el de un lugar en el que nieva.

Al llegar a la chacra nos separamos. Él trabajaría con los iniciadores y yo conocería el trabajo que hacen otras personas con las abejas, la producción de polen y miel. Al final de la jornada, antes de subir a la camioneta nuevamente, se reparten entre todos la comida que sacan los operadores de una gran asadera. 

En el viaje de vuelta, coincidimos otra vez con Gabriel. Intercambiamos sobre la mañana de cada uno y él profundiza en su historia de vida. Me cuenta sobre algunas huellas que dejó la violencia vivida en su casa, también que estuvo privado de libertad y en situación de calle. Sufre mucho las mañanas en que cae la helada en la chacra -me repite- porque le hacen acordar al frío que padeció en Bariloche durmiendo en la calle. Hablamos un poco más, me comenta que al día siguiente no iría a la chacra porque tenía su seguimiento terapéutico, dijo algo relacionado con el fuego que no terminé de comprender y bajó de la camioneta, que lo dejó en la puerta de su casa.

Día 2 – Momento uno: un equipo cansado.

Nos invitan a participar de la reunión del equipo que acompaña los emprendimientos. En el intercambio entre operadores en salud mental, psicólogas, trabajadoras sociales y residentes, mientras se ponen al día y de acuerdo respecto a las ferias que acompañarían, varias veces sale el tema de la falta de días libres o cuánto ansían la licencia. Dimos por hecho que se debía a la situación sociopolítica del país, que a través de sus recortes amenaza la calidad en la atención en salud en general y en salud mental en particular.

Día 2 – Momento dos: asumir el riesgo de la libertad.

A media mañana volvimos a visitar la chacra, este día sí fue gélido.

Aprovechamos algunos momentos de descanso para hablar con uno de los operadores en salud mental sobre el impacto del contexto político en la atención, preguntando explícitamente por lo escuchado en la reunión sobre las licencias. Explica que la situación ha empeorado, pero que se trata de algo más, y aprovecha a contarnos una situación que refleja la articulación del trabajo en salud mental: alguien que concurrió el día anterior hace unos meses prendió fuego el hospital y, aunque fue apagado rápidamente y no hubo heridos, afectó su sistema eléctrico. De repente empiezo a verlo claro: ¿Gabriel?

Me confirma que se trata de él y explica el despliegue que implicó atender esta situación, la demanda de acompañar 24 horas, entender para trabajar con él sobre lo que hizo y trabajar con el entorno. Emocionado, nos habla sobre cómo ese trabajo con “los inimputables”, tiene que ver con asumir el riesgo de la libertad.

Día 2 – Momento tres: convencer al ministro.

A la tarde visitamos el Ministerio de Salud de Río Negro para reunirnos con el coordinador y el jefe de salud mental y adicciones de la provincia.

Para comprender cómo funcionan las articulaciones interinstitucionales, le pongo de ejemplo la situación de una persona que al finalizar la internación contaba con un equipo que realizaba un seguimiento, una vivienda alquilada por el Estado, una coordinación para acceder a la alimentación… el coordinador interrumpe: vos me estás hablando de Gabriel.

Nos cuenta los distintos niveles y factores que implicó atender su situación:

Primero – el desastre: el hospital sin luz y equipos preocupados, enojados, con miedo.

Segundo – los medios: que publicaron su nombre, su foto, y construyeron así un enemigo público.

Tercero – la declaración de inimputabilidad: que supuso conseguir dónde internarlo, viajes para hablar con el director del hospital de una ciudad cercana, acordar su atención allí.

Cuarto – el alta: reuniones intersectoriales para valorar los recursos disponibles, el Ministerio de salud no puede todo.

Quinto – asumir el riesgo: convencer al ministro de que Gabriel podía ser atendido en libertad, de forma comunitaria, que las condiciones estaban dadas.

Sexto – la vuelta: el ministro de Salud intercediendo con los medios de comunicación para desarticular el discurso de peligrosidad y, sobre todo, resguardar los datos personales de Gabriel. A su vez, preparar su regreso con el hospital ya que el equipo de salud general continuaba con una visión adversa respecto a atenderlo.

Explicó que en todo este proceso, fue fundamental el rol del Órgano de Revisión (previsto en la Ley de Salud Mental).

Día 3 – Un equipo que agradece.

Participamos de la reunión del equipo de salud mental de Viedma y, al finalizar, nos ponemos a conversar con uno de los psicólogos del Hospital. Tras compartir los motivos que nos embarcaron en el viaje, propone reunirnos para contarnos sobre lo que él considera que es trabajo de punta en salud mental: el trabajo con las personas declaradas inimputables.

Empieza la conversación explicando que uno de los mayores nudos es el imaginario de peligrosidad que hay fuertemente arraigado en la sociedad. Para ejemplificar el trabajo, nos dice que alguien a quien acabamos de saludar cometió un delito, pero es inimputable, y transita el espacio como cualquier otro. Nos miramos entre nosotres: Gabriel.

Nos explica cómo conformaron un equipo -más grande de lo habitual- desde el área de salud mental de Viedma para acompañar la situación, aunque la internación fuera en otra ciudad. Viajaron a esta otra ciudad para encontrarse con el nuevo equipo, dialogar, valorar estrategias y, sobre todo, para agradecerles por aceptar abordar la situación de Gabriel aun con la mala prensa que lo acompañaba.

También señala que se le pidió al Órgano de Revisión que solicitara una reunión para que además de evaluar el tratamiento, se valorara la situación de vivienda, alimentación y lazos sociales. La mirada rionegrina, dice, no es por partes: a la vez que miran cómo disminuir algo de la carga de enfermedad, están pensando en que la persona no pierda el trabajo ni los vínculos que lo sostienen.

Una articulación provincial e intersectorial que pone a la persona en el centro permite concretar eso que en Uruguay venimos militando hace tiempo. Asumir el riesgo de la libertad no es una apuesta individual, es la decisión ética que toman los equipos de salud mental cuando se preguntan cómo caminar hacia el horizonte de la desmanicomialización, cómo cuidar/convivir sin encerrar.

No sabíamos que habíamos ido a Viedma a conocer a Gabriel.


Barullo es una Revista de Arte y Salud Mental.
De Uruguay al mundo, hasta que cierren los manicomios.
Editada por @bibliobarrio.uy