Miguel Mazzeo: El lado oscuro del Nunca Más
Ante una democracia argentina que se expresa como continuidad de la última dictadura cívico-militar, Miguel Mazzeo postula una radicalidad del bien que liga a Mario Roberto Santucho con El Eternauta y que sea capaz de reponer a la política como creación.
No muchos intelectuales se atreven a explicar y denunciar las maneras en que las dictaduras militares formatearon a las democracias por venir en el Cono Sur. Miguel Mazzeo, un escritor y docente que militó y produjo escritos desde organizaciones populares del conurbano bonaerense, aprovecha la presencia de Javier Milei en la presidencia argentina para subrayar esas continuidades políticas, económicas, culturales y sociales y, en esa observación, incluye los efectos de enunciados tan asimilados como el Nunca Más.
“Uno obviamente no puede bajarse de la consigna Nunca Más porque remite a decir nunca más un golpe militar, una dictadura sangrienta, nunca más terrorismo de Estado; ahora, a veces, no nos damos cuenta del otro lado, del lado oscuro de la consigna Nunca Más, que es también nunca más una impugnación al poder, nunca más pensemos en una revolución, nunca más cambios radicales, nunca más una democracia con protagonismo popular”, formula Mazzeo durante una conversación en el programa Después de la Deriva que se emite a través de la web y el canal de YouTube de Revuelto Radio.
Desde esa perspectiva, quien ha publicado, entre otros, libros sobre figuras de la talla de Alicia Eguren, Juan Carlos Mariátegui y John William Cooke, cita sin nombrar a la militancia de la Unión Cívica Radical que condujo el regreso a la institucionalidad democrática tras la última dictadura cívico-militar porque “desde ese lado oscuro del Nunca Más se inscribe el hecho de que una agrupación que desde inicios de los años 80 cantaba ‘somos la vida, somos la paz’, en realidad debería haber cantado ‘no somos la paz, somos el resultado de un proceso de pacificación’ porque esa democracia es una democracia asentada sobre una derrota”.
Acerca de esa perspectiva, Mazzeo considera que “el país que la dictadura vino a concluir no es retomado ni relanzado en la post-dictadura. En ese sentido, uno puede decir que la dictadura fue exitosa porque al mismo tiempo impactó sobre las subjetividades políticas, sobre todo las de las clases populares y subalternas, de esa sociedad politizada. Pensemos en los actores principales de la pre-dictadura: el sindicalismo combativo, una iglesia radicalizada por el movimiento de curas del tercer mundo, las ligas agrarias, un estudiantado movilizado y, fundamentalmente, organizaciones político-militares revolucionarias. En el panorama de 1983, ninguno de estos actores existe o lo hace a través de expresiones mínimas porque el plan económico de Martínez de Hoz cambió la matriz económica y dio forma a otra realidad, a otro país, a otra sociedad”.
La caracterización de esa etapa iniciática de las formas democráticas en el país marcó, para el ensayista, todo el período que ahora, más de cuatro décadas después, depositó a Javier Milei en la Casa Rosada.
Autor de “’Democracia’ contra democracia (o la política contra la político)”, que no casualmente escribiera de modo urgente y casi en simultáneo con la victoria electoral del ultraliberal en la segunda vuelta electoral celebrada en noviembre de 2023, apunta que “la idea de ese escrito es que hay un proceso que arranca en 1983 y que el triunfo de Milei aparece como un una consecuencia casi lógica y no es ninguna desviación como muchos planteaban sino un efecto lógico y para nada anómalo o patológico sino que está en el orden de la democracia que se instauró en el 83 y que es fruto de una derrota popular muy profunda. Esta democracia tiene más que ver con derechos, garantías y formalidades que con la esencia de la democracia que es el poder del pueblo, que es el poder popular, la participación popular directa en los cuestiones medulares, no en los asuntos secundarios, no en en las zonas blandas de decisión”.
Cuando la sociedad civil marcó agenda
La panorámica trazada por quien ejerce como profesor en las universidades de Buenos Aires y de Lanús advierte que en el transcurso de estas cuatro décadas “hubo distintos pasajes, no fueron planos, y allí hubo momentos reparadores, sin duda, que por distintos motivos no fueron más a fondo, no fueron todo lo profundo que hubiésemos querido”, en referencia a los 12 años de gestiones progresistas encarnadas por los gobiernos peronistas de Néstor y Cristina Kirchner que se extendieron entre 2003 y 2015 y que llegaron al gobierno tras la revuelta popular cuya foto principal está fechada en las jornadas de diciembre de 2001 reuniendo organizaciones populares, asambleas barriales y fábricas recuperadas entre otras experiencias colectivas.
“Desde mitad de la década del 90 –historiza Mazzeo- se empieza a dar un proceso de recomposición del campo popular desde abajo y a distancia de las instituciones estatales clásicas, incluyendo partidos y sindicatos. Ese camino muy espontáneo que desemboca en 2001 permite ver organizaciones que tenían un gran poder de movilización, mucho arraigo popular y una absoluta escasez de recursos materiales pero muchos recursos simbólicos y políticos”, pero en esa descripción detalla también la manera en que esas administraciones capturaron aquella potencia “haciendo lo que es parte de la lógica del Estado. No es que el Estado hace esto porque es malo, es lo que hace siempre por lo menos desde principio de siglos que es promover un proceso de integración de las organizaciones sociales”.
Capaz también de hacer balance de ese momento, observa que “en los primeros momentos esas organizaciones tenían un gran poder de movilización, mucho arraigo popular y una absoluta escasez de recursos materiales pero muchos recursos simbólicos y políticos.
Pero luego las ve al final del camino tras la experiencia estatal, después de haber sido incluso parte del Estado en forma directa y teniendo alguna responsabilidad en la gestión y cuentan con más recursos materiales pero vacías de recursos simbólicos y de recursos políticos. O sea, las ve más débiles políticamente porque se han acostumbrado a cierta dinámica gestionaría por lo que difícilmente hoy puedan encabezar movimientos de protesta, o una rebelión, o una respuesta contundente frente a las políticas que impulsa un gobierno como el actual”.
Pese a esa tipificación no exenta de una autocrítica cuando desliza “es muy fácil ponerse del lado de lo instituyente y repudiar lo instituido”, Mazzeo especifica: “En el caso argentino en particular es impensable el progresismo argentino sin la rebelión popular del 2001. Es decir, las políticas reparadoras del kirchnerismo no se explican sino a partir de ese estado de movilización y de organización de la sociedad civil popular que de algún modo impone una agenda”.
Santucho y la radicalidad del bien
Pero hablando de legados, el mentor del reciente “Esquema de una interpretación de El Eternauta”, refiere a los 50 años de la caída de Mario Roberto Santucho, líder del Partido Revolucionario de los Trabajadores-Ejército Revolucionario del Pueblo (PRT-ERP), organización armada marxista de fuerte presencia entre mediados de las décadas del 60 y el 70.
“Sentí la necesidad de dejar de lado una serie de debates en torno a la validez de la lucha armada como método, en torno a al foquismo, en torno al dogmatismo, en torno a los incidentes críticos que puede cometer la izquierda radical para recuperar lo esencial de una figura como la de Santucho que, guste o no guste, remite a la radicalidad del bien y por eso fue y sigue siendo una figura revulsiva para el poder, para la clase dominante, para cualquier persona de pensamiento conservador o reaccionario y por eso se sostiene como el enemigo público número uno”, pondera el autor de “Introducción al poder popular-el sueño de una cosa” y “La comunidad autoorganizada-notas para un manifiesto comunero”.
Más allá del carácter del guerrillero santiagueño “que también es el nombre de todo lo que nos falta y nos hace sentir incómodos por esa carencia y nos despierta como una preocupación por si esta sociedad que tenemos hoy, con este nivel de fragmentación, de dispersión, de baja autoestima, puede generar la figura de alguien que desafíe al poder, que no acepte situaciones de opresión que hoy están naturalizadas”, según avisa, también se liga con “la capacidad de resistencia de un pueblo para ser protagonista de su propia historia y tomar las riendas de su destino”.
Tal vez para responder a ese interrogante, Mazzeo arriesga: “En todo caso la figura de Santucho debería habilitar la posibilidad de pensar un proceso para comenzar a revertir la derrota y ver cómo se construye una organización popular con capacidad de intervenir en política con posibilidades de modificar la correlación de fuerzas. Y entonces estamos discutiendo si la política es la gestión de lo que hay, de lo que es y de lo que está o si la política puede ser otra cosa. Digo, no necesariamente hay que inspirarse en los métodos, porque estamos en otro momento, en otra época, y esa es otra discusión, pero sí vayamos hacia esa idea de la política como un instrumento cuyo objetivo es modificar las estructuras y la correlación de fuerzas, la política como un mecanismo de transformación radical de la sociedad. Y eso nos lleva también a pensar la figura del militante no como administrador, no como un mero especialista en políticas públicas porque el militante es otra cosa, el militante tiene algo de profeta, el militante tiene algo de sacerdote, el militante que predica con el ejemplo, que se entrega, que se entrega al otro, que entrega su vida. El militante de aparato, el militante gestor, el militante que se limita a la política pública difícilmente pueda modificar algo o pueda aproximarse a esta idea de radicalidad del bien, así que hay que recuperar esa figura para pensar en una política transformadora
con un elemento antiburocrático muy poderoso que permita un acceso poético a la política y hablo de lo poético en el sentido de cambiar la vida. Estoy hablando de lo de lo que los griegos llamaban poiesis donde la la polis y la poiesis iban de la mano para entender a la política como un hecho creativo y no solamente como simple representación”.
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